La mayor estabilidad de la economía argentina y el control inflacionario local contribuyeron a que el promedio de la brecha en diferencia bajara del 60% al 26%.

El valor máximo de la brecha de precios entre Uruguay y Argentina durante el año se registró en setiembre, cuando tocó el 35%.
“Esto indica que Uruguay se abarató en términos relativos o que Argentina se encareció en términos relativos. Y sucede en casi todas las divisiones, aunque hay algunas que siguen siendo estructuralmente grandes y tienen, como hemos comprobado a lo largo de los años, un nivel de precios más alto en Uruguay que en Argentina”, indicó la investigadora. Algunos de esos rubros, por ejemplo, son Comidas fuera del hogar, Bienes Diversos —que incluye productos de higiene personal— o Transporte, que contempla los combustibles y una diferencia de precios del 65% en la nafta si no se tiene en cuenta el beneficio sobre el Impuesto Específico Interno (Imesi).
“Estabilidad relativa” en Argentina
Detrás de la reducción de la brecha de precios que se vio durante el último año, hay más factores externos que internos: así como la diferencia crece por cuestiones propias de la economía argentina, también se cierra por las mismas razones.
Según Medin, la “estabilidad relativa de Argentina” explica buena parte del menor IPF promedio de 2025. “Vemos que estos vaivenes se dan cuando la economía argentina tiene dificultades que hacen saltar el tipo de cambio, sobre todo. La inflación, si bien se está moderando, sigue siendo de un 31% a noviembre, interanual, cuando en Uruguay está bajando y llevamos acumulados en 12 meses un 4%. Eso encarece un poco los bienes en Argentina y los abarata un poco en Uruguay”, detalló sobre el comportamiento del indicador.
Este es uno de los problemas que enfrenta Uruguay: “si bien tiene una estructura de precios y de formación de precios que lo posiciona como un país caro, también está muy atado a lo que sucede en la macroeconomía argentina”, señaló la economista.
El mejor ejemplo reciente de esto es lo que ocurrió en setiembre cuando, en plena crisis política y económica preelectoral en el país vecino, la brecha de precios tocó su nivel más alto en un año; mientras que, una vez pasada la tormenta, el último informe registró una regreso al escenario previo, de cuatro meses atrás.

El desvío de consumo y el contrabando fueron dos problemas de gravedad para los comercios de frontera, generados a partir de la brecha de precios con Argentina.
Proyecciones complejas en un escenario estructural
Por esta dependencia externa, hacer proyecciones para el 2026 es complejo, pero se pueden prever algunos escenarios a grandes rasgos. Por ejemplo, “todo lo que lleva a una economía argentina más estable le va a dar estabilidad a esta diferencia que, igualmente, va a seguir existiendo”, consideró Medin.
Si bien no hay elementos para predecir la evolución del IPF, sí hay algunas constantes. Una de ellas es que “nunca, hasta ahora, la diferencia de precios en el conjunto de bienes estudiados —un estudio de naturaleza microeconómica, que recoge cómo evoluciona la diferencia de precios en 60 artículos y no incluye servicios— fue de cero o a favor de Uruguay”. Otra, que el control de la inflación a nivel local influye de forma positiva en esta cuestión estructural.
Finalmente, que el IPF no muestra solamente la diferencia de valores entre uno y otro lado de la frontera, sino que también estudia la estructura de formación de los precios en Uruguay, destacó la economista del Observatorio Económico de Salto. Una formación que permite observar una estructura impositiva alta y con muchas regulaciones que podrían simplificarse, como vías para avanzar en reducir la brecha, más allá de la inflación.
Fuente Ámbito








