Con reglas claras y planificación de largo plazo, Punta del Este, el principal balneario de Uruguay tiene potencial para seguir atrayendo inversores de todo el mundo.
El perfil de residentes refuerza ese posicionamiento. “No hablamos solo de celebridades, sino de los CEOs, dueños de grandes compañías, empresarios tecnológicos”, señala González. Entre ellos menciona al fundador de WeWork, al propietario de los Miami Heat, empresarios del sector duty free y líderes del e-commerce. “Es gente que puede vivir en cualquier parte del mundo y elige Bal Harbour por la calidad de vida, la seguridad y los servicios”.
¿Puede Punta del Este convertirse en Miami?
La comparación con Punta del Este surge de manera natural. Ambos comparten atributos estratégicos: ubicación costera, atractivo internacional, fuerte presencia de capital extranjero y un mercado inmobiliario orientado al segmento premium. En los últimos años, el balneario uruguayo avanzó en desarrollos de marca, torres residenciales de lujo y propuestas que apuntan a la desestacionalización.
Sin embargo, el caso Bal Harbour deja una enseñanza central para los inversores y decisores públicos: la planificación. “Aquí ya no hay más tierra disponible. Es una isla, y eso obliga a ser extremadamente cuidadosos con cada proyecto”, explica González. Esa escasez, combinada con reglas claras y una visión compartida, sostiene la valorización del distrito a lo largo del tiempo.
El modelo también incluye inversión constante en infraestructura y espacio público. En 2023 se inauguró el Waterfront Park y en 2026 comenzará la construcción del Harbourfront Park, un ambicioso proyecto de renovación del muelle histórico. “El espacio público no es un gasto, es una inversión que mejora el valor de toda la comunidad”, enfatiza el director del distrito.
Para Punta del Este, la pregunta no es si puede “copiar” a Miami, sino si puede adaptar ese enfoque. Convertirse en la “Miami de América del Sur” implicaría consolidar reglas estables, planificación urbana de largo plazo y una estrategia clara de posicionamiento internacional. Bal Harbour demuestra que el lujo sostenible no es solo una cuestión de precios o marcas, sino de visión económica, institucionalidad y gestión.
Fuente Ámbito








