Las escuelas entrerrianas ya no necesitan directivos: necesitan ingenieros estructurales, electricistas y un sacerdote haciendo bendiciones antes de que se desplome un techo. Aulas inundadas, paredes rajadas, ventiladores colgando y baños destruidos. Pero tranquilos, porque después algún funcionario aparece en conferencia diciendo que “la educación es prioridad”. Sí, prioridad para abandonarla.
Por Noe Mugherli (*)
Y las paritarias docentes ya directamente son una tomada de pelo!. Reuniones eternas para no resolver nada, promesas vacías y aumentos impuestos desde arriba como quien le tira sobras a alguien y encima espera agradecimiento. El salario pierde contra la inflación todos los meses, pero después salen a decir que hicieron “el máximo esfuerzo”. Claro, el esfuerzo lo hace el docente que llega al 20 del mes calculando si compra comida, paga una boleta o carga combustible para poder ir a trabajar.
Porque además de enseñar, el docente hoy tiene que hacer magia. Trabajar en todos los turnos, buscar changas, vender cosas, dar clases particulares, corregir de madrugada y seguir fingiendo estabilidad emocional mientras escucha a algún iluminado repetir: “Si no les gusta, dedíquense a otra cosa”.
Esa frase hermosa que siempre viene de alguien que jamás pisó un aula desde que terminó la secundaria. Como si en Entre Ríos sobraran trabajos dignos. Como si abandonar años de formación fuera tan fácil.
Y después aparece el discurso más miserable de todos: “no tienen vocación”.
Ahhhh, la vocación. Esa maravilla que sirve para justificar salarios destruidos, agotamiento mental y precarización eterna. Porque según cierta gente, al docente no le tendría que importar comer, descansar o llegar a fin de mes. Tendría que vivir del amor al pizarrón y alimentarse con gratitud social.
Mientras tanto, las universidades públicas desfinanciadas, investigaciones frenadas, estudiantes haciendo malabares para continuar cursando y docentes universitarios cobrando cifras humillantes. Pero después escuchás a los mismos de siempre diciendo que la educación pública es un gasto. Obvio: un pueblo que piensa, cuestiona y analiza les resulta peligrosísimo.
Lo más triste igual es ver cómo parte de la sociedad compra ese discurso sin siquiera detenerse a pensar dos minutos. Personas con salarios destruidos defendiendo políticas que los hunden. Gente que jamás abrió un libro opinando sobre educación. Personas convencidas de que el problema del país es el maestro que reclama y no quienes destruyen sistemáticamente todo lo público mientras hablan de sacrificio bien acomodados desde sus oficinas.
Y ahí sigue el docente entrerriano: cansado, mal pago, desbordado, haciendo de profesor, psicólogo, asistente social y sostén emocional de alumnos que muchas veces llegan a la escuela con más problemas que útiles.
Después se preguntan por qué cada vez hay menos ganas de enseñar, menos jóvenes queriendo ser docentes y más bronca acumulada. No están destruyendo solamente salarios o escuelas: están haciendo mierda el futuro entero de una provincia y encima pretenden que aplaudamos mientras se derrumba.
(*) Docente – Concepción del Uruguay








