En mayo de 1912 comenzó a circular en Buenos Aires un nuevo semanario ilustrado. Llevaba por nombre el seudónimo de José S. Álvarez y reunía a periodistas, escritores y dibujantes provenientes de una de las grandes experiencias editoriales de la época. Su segundo número, conservado en el Museo Casa Natal de Fray Mocho, permite reconstruir la sorprendente recepción que tuvo aquella primera edición.
La protagonista de esta nueva entrega del Mes de Fray Mocho es la revista Fray Mocho, cuyo primer número apareció en Buenos Aires el 3 de mayo de 1912. La publicación nació de un grupo de periodistas, escritores y dibujantes que se habían alejado de Caras y Caretas y buscaban dar continuidad a una forma de hacer periodismo en la que la actualidad, la literatura, el humor, la ilustración y la caricatura ocupaban un lugar central.
La elección del nombre constituía, además, un homenaje. Fray Mocho era el seudónimo con el que José S. Álvarez había alcanzado una enorme popularidad como escritor y periodista y había quedado estrechamente ligado a la historia de Caras y Caretas, publicación que dirigió desde sus comienzos en Buenos Aires. Cuando la nueva revista apareció, habían transcurrido casi nueve años desde su muerte, pero su figura continuaba siendo una referencia para muchos de quienes habían compartido aquel mundo periodístico.
La nueva publicación se presentó como un “semanario festivo, literario, artístico y de actualidades”. Al frente se encontraba Carlos Correa Luna como director, mientras que Luis Pardo figuraba como redactor y José María Cao como dibujante, tal como puede leerse en la cabecera del ejemplar conservado en el museo.
La presencia de Cao resulta especialmente significativa. Había formado parte de Caras y Caretas y fue una figura fundamental de la caricatura política y la prensa ilustrada argentina. En Fray Mocho fue uno de sus fundadores y su principal ilustrador, en una publicación donde las imágenes, fotografías y caricaturas no eran simples acompañamientos del texto, sino parte esencial de la manera de contar la actualidad.
El comienzo de la revista tuvo una repercusión que parece haber sorprendido incluso a sus propios responsables. El Nº 2, fechado el 10 de mayo de 1912 y conservado actualmente en el Museo Casa Natal de Fray Mocho, dedica varias de sus páginas a celebrar lo ocurrido con aquella primera edición. El relato comienza con una afirmación contundente: “Hemos triunfado en toda la línea”.
Según cuenta la propia revista, la primera tirada había sido de 80.000 ejemplares, una cantidad que consideraban importante para una publicación que recién comenzaba. Sin embargo, la demanda habría superado las previsiones. Los ejemplares se agotaron rápidamente y el semanario relata, con su característico tono humorístico, cómo algunos vendedores llegaron a reservar los últimos números para ofrecerlos a precios muy superiores a su valor habitual.
Las imágenes reforzaban la historia. Una gran fotografía titulada “El asalto” mostraba a una multitud congregada en torno a un puesto de venta en busca de ejemplares de Fray Mocho. La propia revista convertía así la recepción de su primer número en noticia.
El fenómeno, según relata el ejemplar, no se limitó a Buenos Aires. Desde distintos puntos del país llegaron nuevos pedidos. Entre las ciudades mencionadas aparecen La Plata, Santa Fe, Córdoba, Paraná, Azul, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú.
También hubo pedidos desde Montevideo, donde la revista aseguraba que miles de ejemplares habían desaparecido rápidamente de los puntos de venta. Los telegramas reproducidos en sus páginas funcionan hoy como pequeños documentos de aquella circulación. Uno de ellos solicitaba a la administración de Fray Mocho: “Agregue mil ejemplares más”. La demanda llevó a preparar una nueva tirada y, al final de su relato, la revista anunciaba que la edición del segundo número alcanzaba los 95.000 ejemplares.
Hay un detalle que adquiere especial significado al leer hoy estas páginas desde Gualeguaychú: entre las ciudades que pedían nuevos ejemplares estaba precisamente la ciudad natal de Fray Mocho.
Más de un siglo después, uno de aquellos números forma parte del patrimonio documental conservado en su Casa Natal. El recorrido cierra así un pequeño círculo: el nombre de un periodista nacido en Gualeguaychú pasó a identificar una revista editada en Buenos Aires; la publicación llegó a lectores de distintos puntos del país, entre ellos los de su ciudad natal; y hoy sus páginas permiten reconstruir aquella historia desde el museo dedicado a preservar su memoria.
El ejemplar guarda todavía muchas otras historias. Noticias nacionales e internacionales, fotografías, caricaturas políticas, humor, curiosidades y escenas de la vida cotidiana componían un verdadero mosaico de aquello que podía despertar el interés de un lector en 1912.
Entre sus páginas aparece también Gualeguaychú convertida en noticia, a través de una crónica fotográfica sobre una de sus grandes inundaciones.
Esa será la historia que abrirá la próxima entrega del Mes de Fray Mocho.








