jueves, noviembre 5, 2026

Se quedó solo

milei
Orilla y Media TV

Milei apostó todo a Trump, a Bolsonaro y a Netanyahu. En diez días, los tres se quedaron sin poder. Y ahora fue a España a repetir la misma jugada. Argentina se quedó sin nada. En diez días se le cayó el mundo encima. No fue mala suerte. Fue la factura de una política exterior armada a base de selfies, abrazos y gritos de guerra.

Por Eugenio Jacquemain

El 25 de octubre, en Brasil, Flávio Bolsonaro perdió el balotaje con Lula, 51,79% a 48,21%. No fue un empate técnico, perdió. Y a los dos días rajó. Cruzó por Puerto Iguazú, pasó por Argentina como si fuera un pasillo, se subió a un avión privado y se refugió en Miami. Desde ahí anunció que hará oposición desde el exilio. El heredero de Bolsonaro, el que Milei fue a abrazar a Brasil como si fuera el futuro presidente, hoy es un exiliado de lujo.

Hoy  está anunciado como uno de los principales ponentes en la gala de la CPAC en Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Florida. Su primera aparición pública desde que llegó a Miami. La organización confirmó su participación, aunque no precisó si hablará en el plenario o se limitará a reuniones privadas.

El 27 de octubre, en Israel, Netanyahu, el otro hermano del alma. El Likud fue el más votado, sí. Pero su bloque sacó 53 bancas. Le faltaron 8 para gobernar. Ocho. Y en vez de reconocerlo, salió a gritar fraude. Robo de elecciones. Injerencia extranjera. Los árabes. Todo menos hacerse cargo de que la gente no lo votó. La Comisión Electoral revisó las mesas y no encontró nada. Nada. Pero él sigue ahí, atrincherado, denunciando un robo que no existió.

Y el martes 3 de noviembre, el golpe final. Estados Unidos. Trump había dicho que eran las elecciones más importantes de la historia, un plebiscito sobre él. Bueno, la gente votó. Y los demócratas le arrebataron las dos cámaras. Diputados y Senado. Hasta Texas perdieron. Texas. El estado donde los republicanos ganan hasta dormidos. Y Trump, fiel a su estilo, salió a decir que él no estaba en la boleta, que si hubiera estado él ganaba por goleada. El verso de siempre del que nunca pierde, siempre le roban o algo pasa.

Tres elecciones. Tres derrotas. Tres amigos en el suelo.

¿Y qué hizo Milei? ¿Aprendió? No. Se subió a un avión y fue a hacer exactamente lo mismo a España.

Llegó a Madrid para la Cumbre Iberoamericana y faltó a la inauguración. Faltó a la foto de familia con el rey Felipe VI y la reina Letizia. Faltó a la cena que el monarca ofreció en el Palacio Real para los jefes de Estado. Y eso que ya estaba en Madrid. Aterrizó a las 16.28 en Torrejón. La foto era después. La cena era después. Y no fue.

Desde Presidencia dijeron que su asistencia a la gala no estaba prevista en su agenda. Que su participación institucional quedó concentrada en la sesión plenaria de este jueves 5. Puede ser. Pero el dato político queda: Argentina fue el único país cuyo presidente, estando ya en Madrid, no estuvo en la foto oficial.

¿Y a dónde fue en cambio? A reunirse con Santiago Abascal, el líder de Vox. El candidato de ultraderecha que no es el principal candidato con posibilidades en las elecciones del 29 de noviembre. El que va a competir, sí, pero no el que lidera la oposición. Ese lugar lo ocupa el Partido Popular.

Y mientras se sacaba la foto con Abascal, con pulgares arriba y sonrisa de oreja a oreja, dejaba plantado al presidente en ejercicio, Pedro Sánchez, al que dos semanas antes había llamado «impresentable dictador», «corrupto», «ladrón» y «delincuente», y al que le pidió a los españoles que lo saquen «a patadas».

Es decir: viaja a un país a una cumbre de jefes de Estado, no se reúne con el jefe de Estado, no se reúne con el rey, insulta al presidente del gobierno anfitrión, y se reúne con el candidato de la ultraderecha que no va a ganar.

Y encima, en el viaje anterior, Abascal ni siquiera lo había querido recibir en persona. Lo atendió por videollamada, desde el auto, unos minutos. Milei tuvo que cruzar el Atlántico para que lo atiendan por pantalla. Esta vez sí le dio la foto. Una foto para tapar el desaire anterior.¿Se dan cuenta del nivel? No es diplomacia. Es militancia. Milei no fue a España como presidente de Argentina. Fue como jefe de campaña de Vox y militante ideológico.

Porque acá está lo que nadie en Casa Rosada quiere decir: Milei nunca fue aliado de Brasil, de Estados Unidos o de Israel. Fue aliado de Bolsonaro, de Trump y de Netanyahu. De tres personas. De tres nombres propios.

No construyó relaciones de Estado. Construyó un club de fans. Fotos, actos, «mi querido amigo», «mi hermano», «vamos a reconquistar Occidente». Y del otro lado, el vacío. Con Lula, ni un llamado. Con los demócratas, nada. Con la oposición israelí, ni siquiera sabe quiénes son. Y ahora con Sánchez, insultos y plantón.

¿Y ahora? ¿Ahora quién te atiende el teléfono? ¿El Tesoro norteamericano que te salvó el año pasado te va a salvar un Congreso demócrata adverso? ¿El Brasil que te compra la mitad de lo que vendés te va a esperar a que te dignes a llamar a Lula? ¿Israel te va a dar bola cuando tu único contacto era un primer ministro que ahora denuncia fraude porque no le dan los números? ¿España te va a abrir la puerta cuando vas a su casa a insultar a su presidente y a hacerle campaña a su oposición?

Milei apostó a que había una ola mundial de derecha y que él era la tabla de surf argentina. Y por un rato pareció que sí. Pero las olas van y vienen. Y la gente en Brasil, en Israel y en Estados Unidos no votó pensando en Milei. Votó pensando en el precio de la nafta, en la guerra, en si llegaba a fin de mes. Votó por sus problemas. Como votamos todos.

¿Y Milei? Milei solo. Parado en la playa, con el traje de baño y pensando en la ola que ya pasó.

Ahora la ola se frenó. Y Milei quedó pedaleando en el aire. No es el fin del gobierno. No lean o imaginen lo que no digo. Es el fin de la joda. Se terminó la etapa en la que alcanzaba con decir «soy amigo de Trump» para que te abran la puerta.

Ahora hay que gobernar en serio. Hay que llamar a Lula aunque no te guste. Hay que hablar con los demócratas aunque los hayas tratado de zurdos. Hay que entender que los países quedan y los presidentes pasan. Y que los amigos de ocasión, cuando pierden, se van a Miami.

Si no entiende eso, el que se queda solo no es Milei. Nos quedamos solos todos.

Orilla y Media TV