Un Topo Giggio incomprendido, una computadora equivocada, jueces que se vuelven y otras yerbas,. coronan un mundial con irregularidades.
De un día para otro, luego de la eliminación de Brasil, el único país sudamericano que sigue en carrera en el mundial Qatar 2022 es Argentina. Ecuador, aun haciendo una excelente copa, queda fuera de las clasificaciones. La misma suerte corre Uruguay, que, aún con la fuerte crítica al planteo táctico de Alonso de los dos primeros partidos, queda fuera de los octavos por un “error” en el cobro de un penal en su partido con Portugal, algo incluso reconocido por la organización, ya que, ese penal en contra convertido, dio el pase a Corea por diferencia de gol a la siguiente ronda.
Un evento rodeado de denuncias desde su misma designación, directivos del futbol mundial indagados por la justicia, cercenamientos de derechos individuales a diestra y siniestra, prohibiciones y amenazas a quienes osen desafiar las normas establecidas y todo esto avalado por la FIFA. Un evento plagado de irregularidades desde su inicio y también en su desarrollo, hasta en el uso de la más moderna tecnología.
Tanto en Uruguay, luego el partido con Ghana, como en Argentina luego de los cuartos con Países Bajos, hubo apoyos y críticas a los jugadores en cuanto a sus actitudes post partido. Las imágenes de Cavani, Valverde, Messi y Otamendi, recorrieron el mundo virilizándose. Quienes las criticaban, se basaban en la foto instantánea y no en la película completa, y no es esto un intento de justificación de los hechos ni una falta de respeto a quien opine de esa manera, sino solo tratar de entender el porqué de esos sucesos.
Quienes seguimos diariamente el derrotero mundialista, ya sea por pasión o por motivos laborales, vimos como Uruguay se jugaba todo en el último partido mientras masticaba la bronca por el “pequeño error” del VAR. En la otra margen del río, vimos cómo se iba calentando la previa con las declaraciones soberbias de Van Gaal y otros allegados a Países Bajos, Vimos cómo durante el partido el árbitro inclinaba la cancha con pequeñas cosas, ya que con las nuevas tecnologías no podía con las grandes, el mejor ejemplo es el claro penal, el cual cobró solo luego del llamado del VAR pese a estar a metros de la jugada y ni siquiera pitar la falta fuera o dentro del área. Luego, lo por demás conocido, una prórroga que duró casi diecisiete minutos, oficialmente diez que fueron otorgados sin justificación, más el gol agónico del empate neerlandés y las actitudes de los naranjas en la tanda de penales.
¿Por qué los jugadores uruguayos y argentinos no reaccionaron así antes, ya sea ganaran o perdieran? Argentina había ganado su partido con Países Bajos, nada impedía se repitiera la foto final de la copa América de Neymar, Paredes y Messi juntos luego del partido. Tampoco había sucedido nada cuando Argentina cayó derrotado con Arabia Saudita o Uruguay con Portugal ¿qué sucedió entonces?
Bronca acumulada, cansados de que les “mojen la oreja”, de sentirse ninguneados también en el deporte como en tantas otras cosas a lo largo de la historia. Y la reacción, hasta casi infantil podría decirse, algo que se confirma simplemente con ver la cara de Otamendi, más parecida a la de un niño travieso que a la de un transgresor de normas internacionales de conducta como se los quiere mostrar, o la firme parada de Messi con sus manos sobre las orejas o al momento de la nota televisiva, que nos recordaba a Diego cuando se plantaba frente a la FIFA y denunciaba las irregularidades que otros callaron y aún hoy callan.
Y esta rebeldía rioplatense, repudiada y castigada por los de siempre, no es fruto de la causalidad o casualidad del momento. Tiene que ver cómo se vive el fútbol por estos lares, esta forma de disfrutar y sentir este deporte. Canchitas improvisadas a lo largo y ancho del territorio, postes improvisados con un par de camperas, pelotas chicas o grandes, de futbol, vóley, playa o incluso “de cinco medias” como cantaba El Sabalero. En cada rectángulo de tierra, pasto o arena que se puede marcar, se disputa un partido como si fuera un mundial en estos dos países. Cada pelota es a muerte, los amigos pasan a ser rivales circunstanciales del juego. Se disfruta de forma sanguínea, se juega, pero en serio, como si se disputara un histórico trofeo y los ojos del mundo estuvieran posados sobre ese partido. El Topo Giggio de Messi y Otamendi o las lágrimas de Suarez, son las mismas de ese montón de cracs que nunca llegaron a jugar oficialmente y que hoy son hinchas. Son gestos y lágrimas de potrero, no quieren ofender, no quieren lastimar, solamente expresan el dolor que es sentirse, una vez más, ninguneados por quienes esgrimen títulos de nobleza y dignidad en el deporte, pero no lo demuestran en la práctica.
Algunos de estos jugadores rioplatenses, condenados a perpetua por sus “gestos ofensivos” del Topo Giggio, han tenido otros gestos, desafiando a sus dirigencias en Europa para defender sus camisetas, a veces da para pensar, si las llevan por encima de sus cuerpos o las tienen tatuadas en ellos.
El Topo Giggio no es un arma de destrucción masiva, el golpe al VAR no es un misil que desató una guerra, nos pueden gustar o no, pero solo son respuestas frente al avasallamiento, una vez más, siempre sobre los mismos. Son respuestas de potrero, dadas con el corazón, la garra y la pasión, así, como se vive el fútbol en cada rincón del Río de la Plata y, que felizmente, no importando quien gane el torneo, seguirán existiendo.
Una parte del periodismo europeo quiere convertir esto en una guerra, el mismo periodismo que no cuestiona a los “caballeros del deporte” del viejo continente, como la carcajada de Kilian Mbappé cuando su rival erró el penal. Hablan desde su soberbia y ego, deseando lo peor para la albiceleste, hasta ruegan por la humillación de una goleada, citan una semifinal “Argentina vs. Resto del mundo”, se equivocan, la selección sudamericana no está sola, y un partido se puede perder o ganar en un mundial, pero amigos europeos, el potrero no se morirá jamás.
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