miércoles, abril 1, 2026

Adam Smith y los trabajadores

Adam Smith y los trabajadores
Orilla y Media TV

Contemporáneamente a la independencia de las colonias inglesas de Norteamérica y la creación del Virreinato del Río de la Plata en Europa, se publicaba la Riqueza de las Naciones de Adam Smith en el año 1776, que no sólo es un gran tratado de economía, sino una fuente de datos sobre aquella sociedad muy apreciada por los historiadores, debido a la confiabilidad del autor. Los reinterpretes locales lo aplican parcialmente de acuerdo al interés exclusivo de las clases propietarias y dominantes.

Por Prof. César Baudino

Propuso la división del trabajo especializado como factor dinamizador de la producción. Elaboró la teoría del valor que sirve de base para el intercambio económico, para lo cual distingue entre dos formas de valor: el valor de uso (la utilidad del bien en sí mismo) y el valor de cambio (la utilidad del bien para obtener otro bien deseado). También es de su autoría la “mano invisible” del mercado.

Es decir, Adam Smith propone la existencia de una fuerza capaz de autorregular los elementos económicos y asignar los recursos, que se encuentra dentro del mismo mercado que interactúa armónicamente entre el egoísmo individual y el bienestar colectivo. Sostiene que el crecimiento económico ancla en la acumulación inicial de capitales (stock, en la jerga de Smith), que se traduce en mayor demanda de trabajadores y, por ende, en mayor producción.

Sin embargo, la obra de Adam Smithh no estuvo enteramente comprometida con la doctrina del laissez faire (en francés: “dejar hacer”), o sea, con la plena libertad económica. También advirtió sobre la alienación y la degradación del trabajador cuando su rol económico era excesivamente especializado, defendió la educación pública y criticó la vida miserable de los obreros.

Si se enviasen por el túnel del tiempo a los trabajadores argentinos a la Europa de 1776, éstos hallarían, según Smith. “En la mayor parte de Europa son veinte los obreros sometidos a un amo por cada uno que es independiente. En todas las situaciones corrientes los amos obligan a los trabajadores a someterse a sus condiciones”. Los tres poderes políticos -¡los tres, sí!: ejecutivo, legislativo y judicial- se aliaban tácitamente, hoy diríamos connivencia, a los patronos en contra de los trabajadores: “No tenemos leyes del parlamento contra las asociaciones encaminadas a rebajar el precio de la mano de obra; pero son muchas las que tenemos en contra de las asociaciones (obreras) encaminadas a elevarlo…(los obreros) tienen que obligar por el miedo a sus amos a que accedan inmediatamente a sus peticiones, porque, de lo contrario, tendrán que pasar hambre. En tales ocasiones, los amos vociferan por su parte tan estrepitosamente como ellos y no dejan nunca de pedir a voz en grito la intervención de los magistrados civiles, y que se ejecuten con todo rigor las leyes promulgadas con tanta severidad contra las combinaciones de trabajadores. Resulta de ellos que muy pocas veces sacan los trabajadores ventaja alguna de la violencia de sus tumultuosas combinaciones”.

También los medios informativos eran cómplices de los amos.: “Los amos entran también en combinaciones especiales para rebajar los salarios. Esos convenios se llevan siempre en el máximo silencio y secreto hasta el momento de ponerlos en ejecución: si los trabajadores ceden sin resistencia, aunque la rebaja le llegue a lo vivo, nadie más se entera d lo ocurrido”. Una sociedad donde el gobernante se aliaba a los poderosos para allanar el pago de salarios mínimos y someter a los trabajadores a condiciones arbitrarias de explotación.

Ante tal escenario, los supuestos viajeros del tiempo podrían preguntarse: ¿Qué hay de nuevo bajo el sol?

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