martes, agosto 11, 2026

Desayuno para la empresa, no para los chicos 

desayunos teknofood
Orilla y Media TV

El gobierno de Entre Ríos decidió concesionar a Teknofood los desayunos y meriendas escolares de toda la provincia.

La decisión ya está tomada. El problema es que nadie la pidió.

Porque el rechazo es generalizado. Colegios de nutricionistas dijeron que no. Grupos de padres dijeron que no. Docentes dijeron que no. Los que están todos los días en el aula, los que ven qué come un chico a las 10 de la mañana, dijeron que no.

¿Y el gobierno qué hizo? Avanzó igual.

El problema: ultraprocesados en vez de comida real

¿A qué se comprometió Teknofood? A entregar desayunos y meriendas «envasados, de larga duración y de fácil distribución». Traducción: galletitas, leche en polvo, cereales azucarados, budines industriales. Todo ultraprocesado.

Nada de fruta. Nada de pan fresco. Nada de leche recién ordeñada. Nada de lo que Entre Ríos produce todos los días y hace muy bien.

Un chico de una escuela rural de Gualeguaychú que hoy podía tomar leche con pan casero, queso y una mandarina, mañana va a tomar una leche  saborizada y siete galletitas envasadas.

¿Eso es mejorar? ¿Eso es alimentar?

Los colegios de profesionales fueron claros: los ultraprocesados están directamente relacionados con obesidad infantil, diabetes, problemas de atención y bajo rendimiento escolar. Justo lo contrario de lo que debería buscar un programa de comedor escolar.

La escuela no es solo para enseñar matemática. También es para enseñar a comer. Y si desde el Estado le damos a un chico de 7 años una merienda que parece sacada de un kiosco, ¿qué mensaje le damos? Que comer bien es comer rápido, dulce y con conservantes.

En Entre Ríos tenemos producción local de sobra. Tenemos lácteos, frutas, panaderos, huertas escolares. Podríamos haber usado esa red. Pero se eligió traer todo en un camión desde afuera, empaquetado y con 6 meses de vencimiento.

El problema del dinero: se duplicó el presupuesto para empeorar

Acá viene lo más grave. Para hacer este cambio, el gobierno duplicó el presupuesto destinado a desayunos y meriendas.

Duplicó.

Con esa misma plata se podría haber hecho otra cosa. Mucho mejor.

Se podría haber mejorado la calidad de los alimentos en el sistema actual. Se podría haber comprado fruta fresca a productores entrerrianos. Se podría haber capacitado a las cocineras de las escuelas. Se podría haber equipado comedores que hoy no tienen ni una heladera que funcione.

¿Y a quién se le consultó para decidir cómo gastar mejor esa plata? A nadie.

No se llamó al Colegio de Nutricionistas de Entre Ríos. No se llamó a las cooperadoras. No se llamó a los docentes. Se cerró un contrato con una empresa y se anunció como si fuera un logro.

Duplicar el presupuesto no es mérito si es para comprar peor. Es tirar la plata.

Es como si en tu casa duplicaras el gasto en comida para pasar de comprar verdura y carne, a comprar solo paquetes. Gastás más y comés peor.

El problema de fondo: decidir sin escuchar

El fondo de esta historia no es Teknofood. El fondo es la forma de gobernar.

Cuando un gobierno toma una decisión que afecta directamente a miles de gurises entrerrianos, y lo hace dándole la espalda a los nutricionistas, a los padres y a los docentes, está diciendo algo muy claro: «yo decido, ustedes obedecen».

Y eso no funciona en la escuela. La escuela es comunidad. Es la directora que sabe qué chico es celíaco. Es la cooperadora que consigue fruta más barata en la feria. Es la docente que ve si un nene no desayunó en su casa.

Todo ese conocimiento se tiró a la basura por un pliego licitatorio.

Además se pierde algo que Entre Ríos no se puede dar el lujo de perder: soberanía alimentaria. Cada vez que el Estado le compra a una empresa de afuera en vez de comprarle al productor local, se va un peso de la provincia. Se cierra una panadería. Se funden 2 productores de leche.

La última

Señores del gobierno: nadie está en contra de que los chicos coman en la escuela. Al contrario.

Pero si van a gastar el doble, gástenlo bien.

Siéntense con el Colegio de Nutricionistas. Siéntense con los padres. Siéntense con los docentes. Pregunten qué hace falta en cada escuela.

Compren fruta entrerriana. Compren pan del barrio. Compren leche de la cuenca lechera. Denle trabajo a la gente de acá y denle comida real a los chicos.

Lo que hicieron con Teknofood es lo más fácil: firmar un contrato, tercerizar el problema y sacarse la foto.

Lo difícil, lo que de verdad importa, es garantizar que cada chico entre a clases con la panza llena y con comida sana.

Porque un chico con hambre no aprende. Y un chico mal alimentado, aprende peor.

En política se nota enseguida cuando una decisión se toma pensando en un archivo de excel y no en el plato de un chico.

Esta fue una de esas.

 

(*) Editorial Fuera de Juego – Somos Entre Ríos 9-08-26

 

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