El Quincho cerró septiembre como todos los miércoles: con fuego, comida, amigos y, por supuesto, política. Federico recibió temprano a Ariel y seguramente, entre mate y mate, algo sobre la candidatura de Federico se habrá hablado.
Sabemos que Ariel milita fuerte en la zona norte, donde junto a muchos vecinos fue parte de la fundación del Club La Cuchimarra. Hace un par de meses, además, se presentó como referente del Movimiento por Todos. Con la llegada de Baby y Chapa, la mesa empezó a completarse. Solo faltaba Diego, que venía demorado.
—Ya está todo preparado para el osobuco al disco y Diego no aparece —comentó Federico.
Baby y Ariel se ofrecieron a preparar las verduras. Federico sacó el disco y acomodó el quemador a gas. Todo parecía indicar que, una vez más, Federico ocuparía el lugar de Diego frente al fuego.
Sacudiendo la cabeza, dijo por lo bajo:
—Y bueno… hoy me toca cocinar de nuevo.
Mientras Baby y Ariel terminaban de cortar las verduras, sonó el teléfono de Federico. Era el Histórico, que pedía si podían ir a buscarlo. Ariel salió rápidamente en su búsqueda.
Cuando regresó, contó la noticia: el Histórico había sufrido un accidente en la vereda y, producto de la caída, se había fracturado el codo.
Federico siguió firme frente al disco. Mientras tanto, Chapa y Baby comenzaron a hablar de otro tema que preocupa a muchos vecinos: el estado de las veredas de la ciudad.
—¿Será que el intendente alguna vez tomará la iniciativa de arreglar las veredas, como hace con el asfalto? —preguntó Chapa.
Federico respondió:
—No creo. Eso le corresponde al frentista.
En ese momento, Polo ladró como de costumbre y salió a recibir a Diego, que finalmente llegaba. Diego miró sorprendido su lugar habitual, ahora ocupado por Federico.
Hubo bromas y cargadas.
—¿Cómo te dormiste? —le preguntaron.
—Quédense tranquilos, ahora estoy cocinando yo —respondió Federico.
—Y bueno, si no queda otra… —contestó Diego.
El Histórico, sentado en su lugar de siempre, comenzó a contar su tragedia: el accidente, el yeso y las noches sin dormir con todo el brazo derecho inmovilizado.
Pero Chapa cambió rápidamente de tema. Tiró una frase que, como era de esperar, abrió el debate político:
—Hay muchos candidatos dando vueltas.
El Histórico miró a Federico y preguntó:
—¿Y vos, Fede, vas a jugar?
—Sí, pero todavía no decidí de qué —respondió Federico.
—¿De qué candidato a intendente? —repreguntó el Histórico.
—No, voy a jugar —aclaró Federico.
Baby se metió en la conversación:
—Y parece que ya no son tantos los postulantes.
Diego, mientras acomodaba las cosas de la cocina, opinó:
—Davico está fuerte. Yo creo que repite.
Ariel puso sobre la mesa otra posibilidad:
—Pero el peronismo, con Bahillo, puede ser una buena opción.
El Histórico, que escuchaba atentamente, lanzó su lectura:
—Esto es entre dos: Davico y quien represente al peronismo.
—Para mí, si Bahillo decide jugar, va a ser una elección reñida —agregó.
Federico volvió a poner una ficha sobre la mesa:
—¿Y si aparece una alternativa peronista por fuera del PJ?
Chapa respondió:
—Yo creo que eso, como vos decís, favorecería a Davico.
La charla siguió entre opiniones, nombres y posibilidades. Federico cerró la discusión con una pregunta que quedó flotando sobre la mesa:
—¿Habrá Davico hasta el 2031?
El Histórico no tardó en responder:
—El peronismo tiene que ir unido.
Baby, rápido, retrucó:
—¿Y quién lo une?
Hubo un silencio corto, de esos que en El Quincho suelen decir más que muchas palabras.
De pronto, Diego, que ya estaba tomando nuevamente el control de la cocina, cortó el debate:
—Pongan los platos, que ya servimos.
Federico entregó el delantal. Diego volvió a ocupar su lugar frente a la comida y, entre el osobuco, las bromas y la política, El Quincho cerró septiembre como siempre: con la mesa servida y el 2027 cocinando se a fuego lento








