Julio bajó la persiana, aunque en el viejo quincho nadie tuvo apuro por levantarse de la mesa. Cuando se mezclan el fútbol y la política, las brasas suelen durar más que el asado.
Federico fue el primero en romper el silencio.
—Este fue un Mundial malvinense.
La frase quedó flotando. Nadie pidió explicaciones. En la Argentina las metáforas aparecen cuando escasean las certezas.
—Dicen que el Mundial nos costó caro —agregó uno de los históricos—. Pero la patria está primero. Lo que duele es otra cosa: el fútbol dejó de ser el juego sagrado del potrero para transformarse en un gran negocio, donde la pelota muchas veces parece rodar al ritmo de intereses que poco tienen que ver con el deporte. Ya vivimos una historia amarga con Diego en 1994 y, para algunos, ciertas sombras vuelven a aparecer.
El Bajo, que nunca necesita micrófono para hacerse escuchar, apoyó la lata de cerveza sobre la mesa y disparó:
—Si no pueden acomodar la economía, controlar la inflación ni devolverle tranquilidad a la gente, ¿también van a querer ordenar el fútbol? Capaz que es más fácil dirigir una cancha que gobernar un país.
Las risas fueron pocas. Más resignadas que divertidas.
La charla cruzó el túnel subfluvial imaginario y aterrizó en Entre Ríos.
—Acá también venden cambios como si fueran soluciones mágicas —comentó otro comensal—. Cambiaron el sistema de alimentación escolar prometiendo terminar con las irregularidades del pasado. Pero si hubo corrupción, ¿dónde están las denuncias, los expedientes y las condenas? Porque en política, muchas veces, las conferencias de prensa llegan bastante antes que la Justicia.
Federico aprovechó el momento para recordar otra postal de los últimos días.
—No todo es pelea. Hay cosas que vale la pena destacar.
Entonces habló del encuentro organizado por Vanesa Bossio en el gremio gastronómico. Más de cincuenta mujeres participaron de una jornada de debate político con una idea sencilla, pero poco frecuente: construir una política que vuelva a escuchar a la gente, incorporar nuevas miradas e impulsar propuestas innovadoras para enfrentar los problemas cotidianos.
—Entusiasma ver a tantas mujeres comprometidas con un cambio real. La política necesita más participación y menos discursos repetidos —concluyó.
Agosto apareció sobre la mesa antes que el postre.
Axel empezó a mover sus fichas. Dante, el pastor, trabaja para construir un tercer espacio decidido a desafiar tanto al oficialismo como a la oposición tradicional. Y, como si faltara un condimento más, ya comenzaron a circular versiones sobre un posible desembarco de Victoria Villarruel en Entre Ríos.
Nadie sabe quién llegará mejor parado a 2027. Lo único seguro es que la campaña empezó mucho antes del calendario. Mientras los dirigentes ensayan candidaturas, diseñan alianzas y miden encuestas, buena parte de la sociedad sigue haciendo cuentas para llegar a fin de mes.
En el quincho nadie firmó acuerdos ni repartió cargos.
Solo quedó una conclusión escrita entre el humo del asado: cuando la política se preocupa más por construir relatos que por resolver los problemas de la gente, el único que nunca zafa de pagar la cuenta es el ciudadano.
Y esa cuenta, como siempre, llega sin preguntar a quién votó cada uno.








