viernes, abril 3, 2026

En Entre Ríos los jóvenes ponen en riesgo la temporada

Fiestas clandestionas inciden en el contagio en Entre Ríos
Orilla y Media TV

Mientras el Coes de Gualeguaychú reconoce que el aumento de diagnósticos registrados en los últimos días, con muchos positivos de jóvenes de 20 a 30 años, «es el coletazo de una fiesta clandestina», el resto de la provincia de Entre Ríos sufre el mismo fenómeno sanitario.

Un dato relevante es que la provincia pasó de tener, oficialmente, 23.927 casos al cierre de noviembre, a 30.983 al final de diciembre, lo que significa que, en el noveno mes de la pandemia, los contagios aumentaron un 30 porciento, aumento que apenas refleja las fiestas de Navidad y nada las de Fin de Año.

Aunque no hay datos oficiales al respecto, y los que hay son poco confiables, fuentes en diferentes ciudades entrerrianas coinciden en señalar el descontrol en la vida nocturna como el origen del crecimiento de diciembre, mientras que referentes del sector comercial y turístico temen nuevas restricciones por parte de un Estado que solo sabe prohibir o liberar, y no controlar.

Lo cierto es que todo esto ocurre mientras los sectores económicos vinculados al comercio, los servicios y el turismo resucitan después de meses de crisis sanitaria y económica cumpliendo un estricto régimen de los protocolos. Queda demostrado de este modo que el origen de los contagios no está en la conducta de los prestadores turísticos, ni de los comercios, ni de los gastronómicos, ni de los alojamientos, ni de los centros de servicio, quienes, luego de invertir para estar a la altura de las exigencias epidemiológicas, comenzaron, de a poco, a recuperar su actividad siguiendo al pie de la letra todas y cada una de las normas.

Por ejemplo, el caso de la ciudad de Paraná, donde los jóvenes se juntan de a miles en las islas; el de Gualeguaychú o Concordia, donde organizan «jodas» fuera del ejido; y el de Gualeguay, donde emigran a Galarza porque allí los boliches están habilitados, prueban que el origen del rebrote se da a partir de la vida nocturna, en la cual han proliferado las fiestas clandestinas en jurisdicciones ajenas a los grandes municipios, donde las autoridades no actúan, indiferentes a la gravedad de la situación. En toda la provincia, de una u otra forma, la juventud se las ha ingeniado para reunirse por horas sin ningún tipo de protocolo.

Por otro lado, aunque también es cierto que hay cierto relajamiento en la sociedad en general, la cual apenas cumple con los protocolos de día para entrar a algún comercio, y los olvida casi totalmente por la noche cuando sale a divertirse, donde el distanciamiento, el tapaboca y el alcohol en gel quedan guardados en casa, este escenario surge pura y exclusivamente por la ausencia de autoridades controlando,.ya que la Policía de Entre Ríos parece tener órdenes de no hacer nada, y la Prefectura vive guardada en sus destacamentos, a la vez que algunos intendentes parece que le guiñan un ojo a los empresarios, o bien miran para otro lado.

Pero lo que hoy preocupa es que, ante este cuadro de situación, el Estado provincial, reacio a controlar, insiste en su actitud y ya señala que la proliferación de fiestas clandestinas y reuniones sociales, el relajamiento del cuidado personal, y la generalizada desobediencia de las normas preventivas son las causas del colapso que justificarían una nueva cuarentena. Ya ha demostrado en el pasado inmediato que su universo de medidas son habilitar o prohibir, y nunca controlar, y, para ello, nunca dudó en culpar a la falta de responsabilidad individual de los ciudadanos.

Esta preocupación de los sectores comerciales y turísticos respecto de que el Gobierno recurra a un innecesario cierre total tiene base en que una medida así significaría una condena a muerte para esas actividades. Una medida injusta, ya que esos sectores trabajan prolijamente bajo un apropiado marco de seguridad sanitaria, lejos del problema de las reuniones clandestinas, el cual alcanzó en Gualeguaychú, solo para Nochebuena, más de un centenar de denuncias de fiestas ilegales.

Por lo tanto, aunque el Ministro Lammens asegure que no va a suspender la temporada de verano, la sociedad entrerriana teme lo contrario, y reclama desde estrictos controles en las salidas de la ciudad, de 19 a 0 horas, hasta toques de queda con pases para turistas. Medidas que, por supuesto, deben ser acompañadas con una efectiva presencia del Estado controlando, ya que las actividades comerciales y turísticas no solo no merecen ser cerradas, sino que su cierre significaría el colapso económico para muchas ciudades.

Por último, validando aquello de que no hay mal que por bien no venga, el desarrollo de esta situación va acorralando al Estado entrerriano, y lo va obligando a tomar medidas maduras, imponiendo en todas las ciudades de la provincia la misma política, bajo normas similares, y poniendo a trabajar en ese orden a sus agentes sanitarios y a sus fuerzas en seguridad.

Por Norman Robson
Periodista de la ciudad de Gualeguay

Orilla y Media TV