Hay una frase que escucho cada vez más en Gualeguay, en Gualeguaychú, en otras ciudades de la provincia, en cada almacén y en cada mate. La gente ya no dice «¿a quién vas a votar en el 27?». Dice «¿para qué ir a votar?».
Por Eugenio Jacquemain (*)
Y esa frase es la más peligrosa de todas. Porque cuando el votante no tiene bronca, tiene desazón. Y la desazón es peor, porque no grita, se queda en la casa.
Llegamos a 2027 en Entre Ríos con un cóctel que explica ese descreimiento.
Primero, el pasado que no se va. Tenemos un ex gobernador dos veces electo, Sergio Urribarri, preso. Condenado por corrupción. No es una opinión, es una sentencia firme. El hombre que manejó esta provincia durante 8 años, que nos dijo que éramos el corazón del modelo, terminó preso. ¿Cómo le pedís a un pibe de 20 años que crea en la política cuando ve eso? ¿Cómo le pedís a un empleado público que siga creyendo cuando el que le pedía esfuerzo se llevaba lo que no era suyo?
Segundo, el presente que duele. Hoy el empleado público entrerriano está cansado. Y con razón. Un docente, un enfermero del Hospital San Antonio o Bicentenario, un policía que sale a la calle en Gualeguay con un sueldo que no vive. Sobrevive. Y en el medio de esa angustia, el oficialismo provincial impulsó y logró la reforma de la Caja de Jubilaciones.
A ver, digámoslo claro: la Caja está fundida hace 30 años. Todos los gobiernos la patearon. Que había que debatir sobre el sistema, es cierto. Pero no podés pedirle otro esfuerzo más al que aportó toda su vida, al que se bancó sueldos miserables a cambio de una jubilación digna, mientras ve que del otro lado los números nunca cierran y la política nunca se ajusta. La gente no es tonta. Sabe que si le tocan la Caja, no era para salvarla, y si lo era, el esfuerzo se lo piden siempre a los mismos. Y siente que otra vez, el hilo se corta por lo más delgado.
Y tercero, el contexto nacional que le pegó de lleno al entrerriano que votó con esperanza.
En 2023, muchos votantes de Milei en Entre Ríos no votaron por ideología libertaria. Votaron por hartazgo. Votaron porque no daban más. Y hoy, a finales del 26, gran parte de esos votantes están desanimados. Porque la inflación bajó, sí, pero en el bolsillo no se nota. Porque vender la soja y los mineales no alcanza, porque el almacén no vende, porque el kiosco cierra a las 9.
Y porque, sobre todo, se rompió el contrato moral.
Este gobierno nacional llegó diciendo «vengo a terminar con la corrupción y con la casta». Y hoy tenemos que estar hablando de coimas en la ANDIS, la Agencia de Discapacidad. De audios donde se habla de porcentajes en la compra de medicamentos para los que menos tienen. Para los discapacitados. Si hay un lugar donde no podes robar, es ahí. Si eso se comprueba, no es un error, es una inmoralidad.
Y a eso sumale el ajuste sin anestesia en dos lugares sagrados para cualquier familia entrerriana y argentina: la universidad y la salud. Cuando le sacás presupuesto a la UADER entrerriana o a la nacional UNER, a nuestros gurises que son primera generación de universitarios, les estás diciendo que no tienen futuro acá. Cuando vaciás el Garrahan o dejás sin insumos a los hospitales, le estás diciendo a la gente que si se enferma, se jode.
Entonces, ¿qué le ofrecemos a ese votante para el 2027?
¿Le decimos que vuelva a votar al peronismo que nos dejó a Urribarri preso? ¿Le decimos que siga apostando a un oficialismo nacional que ajusta discapacidad y universidades pero no puede explicar la corrupción en su propia mesa? ¿Le decimos que confíe en un oficialismo provincial que le pide otra vez que se apriete el cinturón con la Caja, el OSER e incrementos por debajo de la inflación a un empleado público?
Así nace el «no voy a votar». Y es entendible.
Por eso, la elección de 2027 en Entre Ríos no va a ser una elección de candidatos. Va a ser una elección para ver si la política puede reconstruir un mínimo de confianza.
El que quiera ser gobernador, intendente o legislador en el 27, no va a ganar con un jingle ni con un acto en el corsódromo o en la peatonal de Paraná. Va a ganar si tiene el coraje de decir tres cosas:
Uno: acá no se roba más, y el que roba va preso, sea del partido que sea, empezando por casa.
Dos: el ajuste no lo paga siempre el empleado público, el pequeño comerciante, el trabajador y el jubilado. Que muestren con números dónde está el ahorro de la política.
Y tres: que digan qué país y qué provincia quieren. Porque la gente no quiere vivir solo para pagar la boleta de la luz y ver si llega a fin de mes. Quiere un proyecto. Quiere creer que quedarse en Entre Ríos y Argentina vale la pena.
Si no entendemos eso, en el 2027 no va a ganar nadie. Vamos a perder todos. Porque va a ganar la desazón. Y cuando gana la desazón, la gente no se va a la casa. Se va de la provincia, se va del país.
(*) Editorial Fuera de Juego -Somos Entre Ríos. 21-9-26








