lunes, abril 6, 2026

Paseo Alem: Un regalo de los vecinos del puerto para todo Gualeguaychú

Paseo Alem: Un regalo de los vecinos del puerto para todo Gualeguaychú
Orilla y Media TV

 

El hermoso empedrado que viste la calle Alem, se ofrece como una cálida alfombra a los visitantes un domingo.  No es un fin de semana más, es el segundo del mes, el finde que la calle Alem se viste de fiesta con el Paseo Alem.

En la Edad Media, los juglares, artistas y artesanos, se congregaban en grandes espacios públicos para ofrecer sus productos, servicios y entretenimientos. Artífices de ilusiones en forma de pases mágicos, virtuosos del hierro y la madera, constructores de manjares increíbles que tentaban con sus aromas, juglares y trovadores que regalaban sus canciones a los concurrentes, todos ellos, transformaban ese momento en una verdadera fiesta para los pueblerinos. Hoy, si bien es una fiesta que ha llegado con creces a la mayoría de edad y mostrándose única e incomparable, el Paseo Alem, nos brinda la oportunidad de respirar esa misma mística de esos encuentros antiquísimos, de percibir esos hermosos aromas de la comida artesanal, de ver maravillas de madera, hilo o metal, de tener una verdadera fiesta de la ciudad, de nuestro pueblo, al alcance de la mano.

A nuestra derecha, una voz nos ofrece hermosos trabajos en hilo y lana, que, junto a pequeños retazos de lienzo, ayudan a cobrar vida a esos muñecos multicolores que hacen brillar los ojos del niño que está parado frente al stand. A su lado, una marioneta de cartapesta coloreada, da vida, con graciosos movimientos, a uno de los personajes de Toy Story, y tan real parece, que, esta vez es una niña, la que tironea del pantalón de su padre, mientras le pregunta si es cierto que tiene vida.

Tratamos de seguir avanzando, es dificultoso, el movimiento de gente es grande, pero el mayor impedimento, es cada puesto de los feriantes  que nos invita a parar y admirar lo que allí se ofrece. No se necesitan las palabras de quien, solícitamente se brinda a contarnos como se construyen o arman esas maravillas de la artesanía, sobra con ver el producto terminado y soñar, si, soñar con un inmenso espacio donde poder llevar todo lo que nos gusta y se ofrece en el Paseo Alem.

La opción es difícil, entre las tortas fritas gruesas y calientes o el hermoso pedazo de torta bicolor que se nos ofrece para escoltar el mate que nos acompaña. Estamos en un punto medio, entre dos de los cuatro escenarios con los que cuenta este paseo dominguero, otra indecisión más, de un lado, el sonido de parches y palillos de una batucada, del otro, una hermosa melodía de una garganta privilegiada. Eso es lo que tiene el paseo, el querer ver, escuchar y probar todo lo que tenemos a mano, y a veces, el tiempo no da, nos deja siempre con ganas de más, por eso, volvemos una y otra vez, cada segundo domingo del mes, a la calle empedrada.

“Esto es bellísimo, y está todo junto, a pasitos de la rambla que también es hermosa” dice Roxana, una turista de la vecina República Oriental del Uruguay que visita la ciudad y agrega “nos enteramos porque vimos la calle cortada temprano cuando salíamos de almorzar y decidimos venir, para nada arrepentidos de esta recorrida, el aire que se respira, entre todos estos emprendedores ofreciendo sus productos es especial. De no creer que sea organizado por los mismos vecinos. Dentro de un mes nos tienen de vuelta aquí” expresaba contenta.

Complicado es trasladar lo que vemos y sentimos en el Paseo Alem a estas líneas, difícil volcar en estas letras, cada carita feliz de un niño correteando detrás de un payaso o alguien caracterizado como uno de sus personajes favoritos. Arduo trabajo el nuestro para compactar en una nota, todo lo que se aprecia cada segundo domingo del mes en la calle Alem. Artistas circenses, colegios exponiendo sus habilidades, artesanos culinarios con sus sabores y aromas, magos de la madera y el metal mostrando y ofreciendo sus obras, complicados desafíos en mesas con tableros de juegos, tejedoras de ilusiones, que se plasman en caritas felices cuando pequeños seres humanos abrazan sus creaciones, todo eso y muchísimo más es lo que nos brinda este paseo.

Pero el corazón de esta fiesta está oculto, si, como en los seres humanos, ese pequeño órgano fundamental de nuestras vidas que no vemos, solo sabemos que está ahí, pero escondido. Acá ese órgano vital se llama Comisión vecinal del Barrio del Puerto, un puñado de vecinos que, no solo ideó esto, sino que, con el respaldo de la Municipalidad, lo lleva a cabo mes a mes. Y ese grupo fue por más, logro institucionalizar este evento, ya hay una Ordenanza votada por el HCD en la ciudad que lo respalda. Ya no dependerá el día de mañana de vaivenes o estados de ánimo de algún funcionario, el Estado Municipal deberá seguir acompañando desde su rol a este pequeño grupo de grandes soñadores, deberá continuar aportando el apoyo logístico, solucionando inconvenientes y demás, para el resto, para convertir esos sueños en realidad para toda la comunidad, están los vecinos del barrio del puerto, que, como dice un viejo tema oriental “por más que la realidad pueda mostrarse en blanco y negro, ellos la sueñan en color”.

 

Eugenio Jacquemain para Orilla y Media TV

 

Foto Vale Bassini

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