La política arancelaria de Donald Trump supone un giro al clásico rol de Estados Unidos como promotor del comercio internacional.
De acuerdo a datos de la agencia gubernamental Uruguay XXI, el total exportado al país del norte fue de 864 millones de dólares en 2023, y se pagaron 52 millones de dólares en concepto de aranceles por colocar los productos, con una carga promedio para el mercado estadounidense que se ubicó en un 6%. Ya en 2024, Estados Unidos se posicionó como el tercer destino de las exportaciones uruguayas (8,1%), según los datos del Instituto de Negocios Internacional (INI) de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).
«Si bien Estados Unidos es un mercado relevante para nuestras exportaciones de ciertos commodities, es importante señalar que estos productos, al ser materias primas, tienen una mayor facilidad para ser recolocados en otros mercados, lo que podría mitigar el impacto de las restricciones comerciales», sostiene Sánchez.
En esa línea, luego de que se conociera la noticia de la política arancelaria Trumpista, el canciller Mario Lubetkin manifestó a la prensa que «las medidas que tomó el presidente Trump necesitan de análisis» interministerial junto al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). «Tenemos que empezar a analizar de inmediato todos los efectos del famoso 10% y dialogar con los diferentes actores públicos y privados. Tomarnos unos días de análisis, hablar naturalmente con las autoridades de Washington, activar los mecanismos», expresó Lubetkin.
El golpe arancelario de la política Trumpista a China y los nuevos flujos comerciales
En el marco de una guerra comercial cambiante en donde reina la tensión, Sánchez advierte que estos nuevos impactos pueden «enlentecer el dinamismo de la actividad global», en un contexto donde las principales economías ya mostraron «señales de desaceleración». «China es un claro ejemplo. Sus desafíos de crecimiento podrían agravarse, ya que el gobierno chino se vería forzado a desviar recursos para mitigar sus efectos en lugar de concentrarse en las debilidades estructurales de su demanda interna», explicó el economista.
En las últimas horas, Pekín mostró su «firme oposición» a la nueva política arancelaria de Estados Unidos, prometiendo «represalias» con el objetivo de «salvaguardar sus derechos e intereses». El arancel de 34% al gigante asiático se suma a las tasas ya vigentes (20%), dejando a las importaciones chinas sujetas a un gravamen del 54%.
Por su parte, Sánchez afirma que en el «corto plazo», este mayor nivel de proteccionismo obligará a las empresas y países a «asumir costos adicionales» y «redirigir sus intercambios comerciales», siendo esto «un proceso costoso en materia de tiempo y recursos». «La incertidumbre generada afecta la previsibilidad del entorno de inversión, lo que podría retrasar decisiones empresariales clave», añade.
A demás de la reacción china, a nivel internacional la resolución del líder del Grand Old Party sobre la política arancelaria dejó estupefactos a varios líderes mundiales, especialmente a los países miembros de la UE. La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, se mostró catastrofista y dijo que «la economía mundial sufrirá enormemente» y que «las consecuencias serán nefastas para millones de personas».
El gobierno uruguayo, por otro lado, prefiere estudiar el panorama con calma, ya que el impuestazo fue desigual y, a fin de cuentas, Uruguay no se llevó la peor parte en un mundo que, según el propio presidente de la República, Yamandú Orsi, está «complejo» y «raro».
Fuente Ámbito








