La tercera edición del Índice Latinoamericano de IA (ILIA) ubicó al país en el tercer lugar regional, en un escenario marcado por las heterogeneidades.

El panorama regional en inteligencia artificial
A nivel regional, el informe da cuenta de un escenario heterogéneo: «mientras algunos países consolidan posiciones de liderazgo, otros avanzan de forma intermedia o permanecen en estadios iniciales», señaló.
«Esta diversidad revela el potencial de la IA como motor de desarrollo, pero también el riesgo de una fragmentación digital que reproduzca desigualdades históricas», advirtió el documento, un diagnóstico que fue también enfatizado por el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, quien añadió que, para que esta tecnología pueda cumplir su rol impulsor, «es indispensable articular las políticas de digitalización con las políticas de desarrollo productivo, incluyendo la digitalización productiva de sectores prioritarios».
En cuanto a los puntajes, mientras que Chile, Brasil y Uruguay se consolidan como pioneros, ocho países adoptantes —entre ellos Colombia, Argentina, Ecuador, Costa Rica y República Dominicana— se ubican en un nivel intermedio y reducen distancias con los líderes, gracias a mejoras en conectividad, talento y estrategias nacionales.
Más de un tercio de los Estados estudiados, por otra parte, se mantienen en la categoría de exploradores, con ecosistemas aún incipientes y capacidades limitadas. Lo que da cuenta de las brechas estructurales en talento —profundizada por la fuga acelerada de especialistas y la formación avanzada insuficiente en ciertos países—, inversión —América Latina y el Caribe recibe apenas el 1,12% de la inversión global en IA cuando representa el 6,6% del PIB mundial— y gobernanza —ante la falta de financiamiento, mecanismos de implementación y sistemas de evaluación de impacto, lo que reduce la efectividad de las políticas públicas en la materia.
Entre sus conclusiones principales, el ILIA destaca «importantes avances de la IA en la región, generando oportunidades para productividad, inclusión y sostenibilidad», y favorecidos por una independencia de matrices productivas sofisticadas que abre el juego a que países de distinto tamaño y estructura económica puedan beneficiarse.
«El desafío es articular políticas de digitalización con políticas de desarrollo productivo, de modo que la IA se traduzca en productividad, innovación y encadenamientos regionales, pero también en mayor inclusión social, sostenibilidad ambiental y fortalecimiento institucional. Cerrar las brechas de infraestructura, talento y gobernanza, considerando criterios de sostenibilidad y de equidad de género, así como potenciar la cooperación regional, serán claves para que la IA se convierta en un motor de transformación estructural», cerró el estudio.
Fuente Ámbito








