Uruguay es el líder en consumo per cápita de whisky en América Latina y se posiciona segundo a nivel mundial, de acuerdo con estimaciones de la industria y especialistas del sector. El dato sorprende incluso a los propios visitantes extranjeros, pero para los uruguayos la bebida está arraigada en la vida cotidiana, al punto de convertirse en un símbolo cultural más allá de las ocasiones especiales.
La afirmación proviene de Juan Carlos Baucher, experto con casi 30 años de trayectoria, embajador de grandes destilerías escocesas y autor del libro Whisky, Agua de Vida. Según explica, Uruguay es el líder regional porque “su consumo está muy incorporado a la cultura: se toma en reuniones familiares, parrilladas y encuentros entre amigos, y no necesariamente se reserva para celebraciones formales”. A esto se suma una larga tradición de vínculos comerciales con el Reino Unido que facilitó la llegada temprana de etiquetas escocesas.
Los registros de importadores muestran que la categoría más vendida sigue siendo el whisky estándar “blended”, pero en los últimos años se observa un giro hacia segmentos de mayor valor. “Hay un grupo creciente de consumidores que buscan single malts de 12, 15 y 18 años; continúan explorando ediciones limitadas y whiskies de colección”, señala Baucher, anfitrión por cuarto año consecutivo del Uruguay Whisky Day, el festival que reúne a entusiastas y marcas internacionales en Montevideo. En ese encuentro —que este año agotó sus entradas en apenas 48 horas— se ofrecen degustaciones de etiquetas que, en otros mercados, se consideran objetos de lujo.
El precio de estas botellas puede partir de los 500 dólares y, en casos de partidas añejas de 30 o 40 años, superar los 20.000 dólares, incluidas ediciones de Johnnie Walker y Macallan en decantadores de cristal. Sin embargo, Uruguay es el líder precisamente porque el consumo diario sigue siendo dominante: a diferencia de Argentina —explica Baucher—, donde las compras de whisky suelen concentrarse en ocasiones puntuales, en Uruguay la bebida acompaña platos de carne o simplemente un atardecer junto al río.
Para la industria, este escenario es una oportunidad. Los importadores amplían sus portafolios con marcas premium, mientras los bares especializados de Montevideo y Punta del Este organizan catas y cursos de maridaje. Incluso las licorerías de barrio reportan mayor rotación en sus góndolas de whiskies de malta.
Con un mercado maduro y conocedor de su bebida estrella, Uruguay es el líder de una tendencia que combina tradición, apertura comercial y un paladar cada vez más exigente, consolidando al país como referencia sudamericana en el universo del whisky.








