martes, julio 21, 2026

Cuando el desayuno de nuestros chicos viaja 300 kilómetros

Comedores escolares: Duro descargo de directivos de la provincia
Orilla y Media TV

Hace unos días, en capacitaciones a directivos de establecimientos educativos, el gobierno de Entre Ríos comunicó un cambio que va a modificar la mesa de miles de chicos: de ahora en más, el desayuno y la merienda de los comedores escolares no se va a comprar más en Paraná, en Concordia, en Gualeguay o en el negocio de la esquina de otra ciudad entrerriana. Se va a comprar todo junto, una vez por mes, a una única empresa privada de CABA.

Por Eugenio Jacquemain (*)

La decisión se presentó como «ordenamiento» y «eficiencia». Pero cuando uno mira lo que eso significa en la práctica, aparecen más preguntas que respuestas.

 ¿Qué van a comer los chicos?
Según lo informado, las raciones serian de galletitas, budines y leche con saborizante. Productos ultraprocesados, de larga duración, pensados para logística y no para nutrición.
En principio, hay muchas preguntas sobre si esa canasta cumple con una calidad nutricional adecuada para un chico que pasa 4 o 5 horas en la escuela. Y el problema no es nuevo: esa misma empresa ya presta servicios en otras provincias y allí es cuestionada, lo cual se ha visto reflejado en medios de prensa.

Un desayuno escolar no debería ser solo «algo para llenar». Debería ser una herramienta de aprendizaje y de salud. ¿Un budín y una leche saborizada reemplazan el pan, la fruta, el queso del tambo entrerriano, la leche en sachet o caja? Difícil.

¿Cómo va a llegar y dónde se va a guardar?
La empresa hará una sola entrega mensual. Una vez por mes.
El problema es que muchas escuelas de Entre Ríos no tienen depósito. Y hay peor: edificios compartidos entre primaria, secundaria e inicial, donde el espacio ya es un lujo. ¿Dónde se guardan 30 días de mercadería para 300 chicos sin que se humedezca,  sin riesgo sanitario?

Además, la logística centralizada no entiende de urgencias. Antes, si se acababa la leche o faltaba pan, el almacén del barrio lo resolvía en el día. Ahora habrá que esperar a que el camión vuelva a salir de Buenos Aires. Mientras tanto, los chicos esperan.

La confusión que genera más desigualdad
En las capacitaciones se habló de «X cantidad de raciones fijas por chico». Pocos días después, el propio director de comedores, Lautaro Azzalini planteó que no, que los chicos podrían consumir lo que quisieran y repetir, la nota de Radio2820 de Gualeguaychú, donde inclusive el funcionario se mostró muy molesto con la periodista, recorrió cada lugar de la provincia .
Dos versiones oficiales, vigentes al mismo tiempo. Esa contradicción no es menor. Deja al director de la escuela en el medio: ¿raciona o no raciona? ¿Controla o sirve libre? Cuando la bajada de línea no es clara, el que termina resolviendo es el maestro con la bandeja en la mano. Y no todos los chicos van a tener la misma suerte según la escuela a la que vayan. Si piden comer más porque vienen mal alimentados, ¿les dan más o cuidan las raciones para dure todo el mes?

El dinero que se va y el trabajo que se pierde
Quizás otro punto muy duro. El dinero que antes quedaba en cada ciudad, en el almacén de barrio, en la panadería, en el distribuidor local, hoy sale de la provincia. Viaja a Buenos Aires.
Es una contradicción directa con el discurso de «compre local» que el propio gobierno promueve en otros ámbitos. Pero además es un golpe a una red que funcionaba: esos proveedores locales muchas veces esperaban mas de un mes para cobrar, pero si faltaba algo, lo ponían igual porque conocían a los chicos y a la directora.

Ahora esa flexibilidad desaparece. Si falta algo, no hay a quién golpearle la puerta. Hay que hacer un mail a CABA y esperar.

Lo que está en juego

Una política alimentaria escolar no es solo una compra. Es una decisión pedagógica, sanitaria y económica.
Centralizar puede abaratar en la planilla de Excel. Pero encarece en territorio: en nutrición, en empleo local, en autonomía de las escuelas, en respuesta ante imprevistos.
Entre Ríos tiene producción. Tiene panaderos, tamberos, fruteros, cooperativas. Tiene escuelas que durante años sostuvieron el comedor con ingenio y con vínculo barrial. Cambiar todo eso por una licitación única y con empresas que ya son cuestionadas en otros lugares, es elegir el camino más corto en el papel y el más largo para los chicos.

El gobierno dice que busca garantizar. Ojalá lo logre. Pero para garantizar de verdad haría falta: auditoría nutricional independiente de las raciones, plan de infraestructura para depósitos escolares, protocolo claro y único sobre las porciones, y una cláusula de abastecimiento de emergencia que no dependa de 300 km o más según que lugar de la provincia sea.

Los chicos no comen una vez por mes. Comen todos los días. Y merecen que esa decisión se tome mirándolos a los ojos, no mirando una licitación.

¿No hubo consultas previas sobre un cambio tan drástico en la metodología? ¿No se consultó a las escuelas que deberán seguir resolviendo los problemas?¿No se buscaron alternativas con comercios de Entre Ríos? ¿Arroz con leche en un sobre de polvo en la provincia del arroz y las vacas? ¿Los entrerrianos no somos capaces de proveer de alimentos a nuestros niños?

Porque cuando el desayuno de un nene entrerriano tiene que viajar más que él para llegar a la escuela, algo estamos haciendo mal.

(*)  Editorial Fuera de Juego – Somos Entre Ríos 20-7-26

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