viernes, agosto 14, 2026

El Quincho: Los sorrentinos, la política y la memoria que no debe borrarse

El Quincho: Los sorrentinos, la política y la memoria que no debe borrarse
Orilla y Media TV

Como tantos miércoles, el asador llegó temprano al quincho. Los que fueron llegando le ofrecieron una mano, pero Diego los miró como diciendo: “En la parrilla mando yo”.

El Baby y el Chapa, recién llegados, se miraron y no dijeron nada. Mejor no meterse con el hombre del fuego.

Fede, dueño del quincho, apareció con la mercadería. Esta vez, los protagonistas no eran los cortes de carne: sobresalían los sorrentinos.

La parrilla descansaba. Pero debajo de una vieja olla de hierro, hecha con un disco de arado y tres patas, el fuego comenzaba a hacer su trabajo.

Hasta que llegó el Histórico. Venía algo retrasado. Miró la mercadería, levantó las cejas y sentenció:

—Tenés todo para unos buenos sorrentinos al disco.

Uno de los presentes murmuró bajito:

—Falta el asado… pero buenos son los sorrentinos.

Fede abrazó al recién llegado.

—Te extrañamos. Pero seguro que tenés mucho para contar.

Y vaya si tenía.

El Histórico venía con una noticia que rápidamente cambió el rumbo de la conversación.

—Se viene una reivindicación para viejos políticos que gestionaron grandes obras para la urbanización y para mejorar la calidad de vida de nuestra ciudad.

El intendente Davico, según contó, había dado el puntapié inicial para reconocer a quienes, desde distintos lugares y en diferentes épocas, aportaron a construir Gualeguaychú.

Fede celebró la idea.

—Ya era tiempo de reconocer a quienes sirvieron a la ciudad con su gestión, más allá del gobierno de turno.

El Baby, que a esta altura ya está entrando oficialmente en la categoría de adulto mayor, acomodó el mate y agregó:

—Ojalá sea también el comienzo de cerrar esa grieta que tanto mal nos hace.

Desde la parrilla, Diego no dejó pasar la oportunidad.

—Y va a servir para demostrar que no todo en política es malo. Hay dirigentes que dejaron legados. Obras que están ahí, aunque algunas ni se vean. El Canal Clavarino, por ejemplo. Está. Y del nuevo hospital ni hablar.

La mesa quedó en silencio unos segundos.

Uno de los presentes tomó la palabra:

—Son muchos los que gestionaron para tener una Gualeguaychú pujante y linda. Y hubo gente de distintos partidos políticos. Bien por Davico si esto sirve para reconocerlos.

Fede volvió a la carga:

—Esto es lo que digo siempre. Hay que debatir, discutir y compartir ideas. Pero también tenemos que aprender a construir políticas de Estado. Cinco o seis grandes ejes donde el bien común esté por encima de quién ocupa el sillón de intendente.

Hizo una pausa y remató:

—Ya basta de desechar lo que está bien solamente porque lo hizo alguien que piensa distinto.

Esta vez nadie discutió.

Hasta Diego parecía estar de acuerdo, aunque desde la parrilla se escuchaba más el hervor de la olla que su voz.

El buen ánimo se había instalado en la mesa.

Mientras tanto, los sorrentinos comenzaban a reclamar su protagonismo. El fuego debajo de la olla se iba rindiendo lentamente y Diego anunció:

—¡Muchachos, los sorrentinos están!

Como suele ocurrir en el quincho, después de comer aparecen los nombres.

Algunos posibles candidatos comenzaron a circular en voz baja. Un nombre por acá, otro por allá. Nadie confirmó nada. Nadie negó nada.

Pero esa noche el tema de los candidatos quedó en segundo plano.

La conversación había encontrado otro camino: la memoria de la política y el reconocimiento a hombres y mujeres que, desde distintos espacios, dejaron algo para la ciudad.

Porque quizás la verdadera grieta no se cierre con discursos.

Quizás empiece cuando podamos mirar una obra, una gestión o una idea y decir, aunque no sea de nuestro partido:

“Esto está bien. Esto hay que continuarlo.”

Y en el viejo quincho, entre sorrentinos al disco, brasas que se apagaban y nombres que comenzaban a sonar para 2027, esa noche pareció haber consenso en algo.

La política también puede construir.

Y lo que se construyó para todos, debería ser de todos.

Orilla y Media TV