martes, septiembre 8, 2026

Las P.A.S.O. son para la democracia, no para los dirigentes . Por Juan Martín Garay

paso
Orilla y Media TV

El ministro de Gobierno, Manuel Troncoso, dice ser partidario de las PASO y reconoce: “Nosotros, como gobierno, somos un producto de las PASO”. Pero inmediatamente después pone una condición: que no sean utilizadas para “resolver los problemas de los dirigentes”.

En esto último coincidimos. Pero con una precisión: hay que resolver los problemas políticos de la política y no los problemas políticos de los políticos. Nosotros también somos resultado de las PASO, porque siempre hemos participado de internas. Y sabemos que cuando la política no logra construir un acuerdo, son los ciudadanos quienes deben tener la posibilidad de decidir.

Las PASO no fueron creadas para resolver problemas personales de los dirigentes. Fueron creadas para que la ciudadanía pueda elegir entre distintas alternativas y ordenar democráticamente la representación política.

Por eso, las diferencias no desaparecen porque se suspendan las PASO. Si hay dos candidatos, seguirán existiendo dos candidatos. Si hay tres sectores con posiciones diferentes, seguirán existiendo esas diferencias. La pregunta es quién resuelve ese desacuerdo: ¿los dirigentes o la ciudadanía?

Si no decide la gente, decidiá alguien

Si se eliminan las PASO, alguien tendrá que definir las candidaturas. Y si no lo hacen los ciudadanos mediante el voto, las definiciones quedarán en manos de quienes tengan capacidad para sentarse a negociar.

Eso no elimina la política. Elimina la posibilidad de que la ciudadanía participe de una parte de ella. Las PASO no obligan a competir. Si los dirigentes alcanzan un acuerdo, habrá una candidatura común. Pero cuando el acuerdo no existe, ofrecen una salida democrática: competir, elegir y ordenar.

Troncoso también habla de “estrechez económica” y de “hartazgo de la ciudadanía hacia la política”. Es cierto que hay hartazgo. Pero la respuesta al hartazgo no puede ser darle menos participación a la ciudadanía. Y tampoco podemos reducir una discusión institucional de esta importancia a cuánto cuesta una elección. Si las PASO deben reformarse, reformémoslas. Si pueden hacerse más eficientes, discutámoslo. Pero no confundamos el costo de la democracia con el costo de la política.

Porque cuando la política se reduce a la búsqueda personal o sectorial de poder, pierde su sentido. Y cuando los dirigentes discuten las reglas democráticas pensando más en sus propias conveniencias que en las necesidades de la sociedad, el problema ya no son las PASO. El problema es la política.

La política tiene que ordenar sus espacios, construir mayorías, encontrar liderazgos y producir acuerdos. Pero no puede hacerlo a costa de quitarle a la ciudadanía la posibilidad de intervenir.

La gente dijo basta frente a una política encerrada sobre sí misma. La respuesta no puede ser cerrar todavía más la política. Tiene que ser abrirla. Por eso, la frase de Troncoso puede ser compartida, pero con una precisión fundamental:

Las PASO no tienen que resolver los problemas políticos de los políticos. Tienen que resolver, democráticamente, los problemas políticos de la política. Porque las PASO no son de los dirigentes. Son de la ciudadanía.

(*)  Abogado y Concejal – Concepción del Uruguay

Orilla y Media TV