El ex gobernador de Entre Ríos, Mario Armando Moine, sostuvo que la tecnología y la inteligencia artificial están dejando sin ocupación a una porción creciente de la población, y propuso que la Argentina estudie la posibilidad de un ingreso universal y abra el debate sobre la reducción de la jornada laboral a cuatro horas, sin excluir de esa discusión la cuestión salarial.
En una extensa entrevista concedida al diario El Entre Ríos, el dirigente peronista, que cumplirá 77 años en noviembre, definió a la corrupción como «el cáncer de la democracia», le puso nota a las gestiones de Javier Milei y de Rogelio Frigerio, y afirmó que el presidente no debería ser reelecto: «creo que es un tipo desequilibrado emocionalmente y está al borde del desequilibrio mental», dijo.
La conversación se desarrolló en el departamento de Moine en Paraná, a metros de la casa donde vivió el poeta Juan L. Ortiz y del Parque Urquiza, y giró principalmente en torno del futuro del trabajo, aunque con referencias permanentes a la trayectoria del entrevistado, que gobernó la provincia en los años noventa, condujo antes la intendencia de la capital entrerriana y se considera coautor, junto al ex gobernador santafesino Carlos Reutemann, del enlace vial Victoria-Rosario, así como de las perforaciones que dieron origen al desarrollo termal iniciado en Federación.
Según consignó El Entre Ríos, Moine sigue al frente de la economía familiar que se hizo conocida con la cadena de supermercados Los Hermanitos, hoy más orientada a la hotelería y el turismo, y milita en la agrupación Leopoldo Marechal, a la que se integró por invitación del dirigente de Gualeguaychú Emilio Martínez Garbino y que reúne a referentes del peronismo de centro de distintas provincias. Cuando el entrevistador le reconoció la paciencia con que respondía preguntas ácidas en las conferencias de prensa de su época de gobernador, Moine devolvió una reflexión sobre el oficio: «en ese tiempo los periodistas eran independientes del bolsillo, hoy queda un 10 por ciento de periodistas independientes, aguantándose lo que es después llenar la olla».
El trabajo que se pierde
El eje de la preocupación del exmandatario es la cantidad de personas que, en su lectura, van quedando fuera del sistema productivo. Moine admitió conocer en Entre Ríos empresarios que cultivan 45 mil hectáreas con apenas cien trabajadores directos, además de algunos servicios tercerizados, y lo citó como ejemplo de los problemas que la tecnología está generando. Si las actividades tradicionales no producen puestos suficientes, se preguntó, adónde irán los jóvenes que se incorporan al mercado laboral.
«El no hacer nada mata a la persona. No sé si, dentro de 50 o 100 años, el trabajo será la base de organización de una persona, pero hoy por hoy cada persona organiza su vida en función de su trabajo, su profesión. Tal vez dentro de algunas décadas ya no, pero a esa mentalidad hoy no la tengo, no la visualizo», sostuvo Moine, también exintendente de Paraná. Y agregó: «Acá hay que ir pensando la reducción de jornada, y naturalmente que la educación tiene que jugar un rol fundamental». Consideró probable que la gente disponga de más tiempo libre y anticipó dónde estará el nudo del debate: «Sin dudas la gente va a tener más tiempo. Es posible que haya reducción de jornada. Ahí va a estar la gran discusión: con qué salario».
Consultado sobre los rubros que generarán empleo en las próximas décadas, Moine respondió que serán los servicios. Explicó que hay tareas que la inteligencia artificial no reemplazará al menos en los próximos veinte años, y mencionó el caso de plomeros y electricistas. «Es difícil que llamés a un robot para colocar un aire acondicionado. Si fueran capaces de poner eso valdrían 100 mil dólares. Ahora, cuando valgan 20, será otra cosa. Pero necesitás una inversión de escala», ejemplificó.
Dentro de los servicios ubicó al turismo como el principal, aunque admitió que la provincia «debe mejorar ostensiblemente» en ese terreno y que hay ciudades termales con calles en mal estado. Advirtió también que en algunos destinos turísticos la tecnología está reduciendo la mano de obra, lo que alimenta su inquietud por el empleo joven.
Otra de las apuestas que defendió es la producción hortícola. «Producimos nada más que el 25 % del consumo hortícola. Salvo frutas como la manzana, la banana, ¿por qué no hacemos el resto de las verduras? Tomates, acelga, espinaca, cebolla, zapallo… cada municipio tendría que tener una promoción especializada, y formación, por ejemplo a través del INTA», planteó. Estimó que «con dos o tres mil dólares se pone un invernadero chico, y ahí se puede defender», cuando el kilo de morrón ronda los ocho mil pesos, e insistió en que «hace muchos años debimos lograr el autoabastecimiento».
El cáncer de la democracia
La corrupción ocupó buena parte del diálogo. «Fuimos muy claros respecto de la corrupción. El peronismo está hoy con serios problemas en la provincia de Entre Ríos y a nivel nacional. La gente asocia peronista a corrupción. Es automático», afirmó Moine. Preguntado sobre si hubo autocrítica en los partidos tras las condenas y detenciones de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y del exgobernador Sergio Urribarri respondió que no. Dentro del justicialismo provincial, dijo, sólo Luis Leissa, Martínez Garbino y él mismo hablaron del tema. «Después nadie habla», remarcó.
Estimó que en los años de democracia pasaron por las intendencias entrerrianas unos trescientos jefes comunales, de los cuales cinco o seis fueron corruptos, pero apuntó que muchos se desvirtúan cuando llegan a Paraná. «El problema es que nadie dice nada; del Pato (Sergio Urribarri) nadie dijo nada. No hablan porque temen que le digan ‘callate, si vos nombraste a tu hija, tu yerno’… Todos nombran familiares en el Estado, no sólo en su tiempo político sino que quedan. En el peronismo no se alza la voz contra la corrupción», sentenció.
Se refirió también a la conducción partidaria. Recordó que José Laurito fue designado como una suerte de interventor para organizar el último congreso del PJ entrerriano, junto a José Allende y Daniel Rossi, y admitió sin rodeos: «me defraudó Laurito». Sobre la causa de los contratos truchos de la Legislatura, señaló que «hay cuatro vicegobernadores que se dice que van a tener que poner la cara y van a tener serios problemas, porque ellos fueron los recaudadores finales». Como consecuencia, evaluó que «el peronismo entrerriano es el 35 %, no es más el 50 %».
Moine explicó que de ese diagnóstico surgió el documento del grupo Marechal, redactado por el periodista y filósofo Pascual Albanese, que define a la corrupción como «el cáncer de la democracia». Esa es la enfermedad que corroyó al peronismo nacional, afirmó, y lamentó que «siguen las mismas caras». Ante la pregunta hipotética de si volvería al partido, se respondió a sí mismo: «Sí, pero hay siete u ocho personas con quienes no trabajaría. Porque están condenados públicamente».
Sobre el nombre de la agrupación, explicó que remite a una idea de Leopoldo Marechal: «el peronismo fue la bisagra que abrió la puerta por donde el pueblo argentino protagonizó su propio destino. Juan Perón politizó un pueblo. No visto desde el voto sino desde que la gente comenzó a tomar conciencia de sí misma». Recordó que el primer cargo de Perón fue el de secretario de Trabajo, desde donde impulsó leyes que también Hipólito Yrigoyen había vislumbrado. En cuanto al objetivo inmediato del grupo, indicó que se trata de definir un camino. «No somos kirchneristas. Lo de (Axel) Kicillof es lejano para nosotros, somos gente del interior. Estamos viendo qué opción creemos que podemos empujar, que merezca respeto por parte de los argentinos, que no vean en ese hombre o esa mujer corrupción, por ser peronista», precisó. Descartó, en tanto, cualquier candidatura personal: «Ni en cargo de legislador ni en cargo ejecutivo».
Notas para Milei y Frigerio
Sobre el gobierno nacional, Moine distinguió entre la política económica y la conducta del presidente. «En cuanto a la política macro le pongo casi un siete. Por un lado padecemos la falta de actividad, por otro creo que se están sentando bases, como que los gobiernos tienen que ser superavitarios. Hemos clavado al mundo en varias oportunidades, entrando en default», evaluó. Pero fue tajante con el estilo presidencial: «Su manera de ser es espantosa. No puede ser que un presidente le haya dicho a (Marcelo) Bonelli que es un sorete mal cagado. ¡Es el presidente de la nación! Que vaya y le diga a Lula, que sacó a 40 millones de brasileños de la pobreza, las barbaridades que le dijo».
De allí su conclusión electoral: «Yo quisiera que Milei no renovara. No por las políticas sino porque creo que es un tipo desequilibrado emocionalmente y está al borde del desequilibrio mental. No debe gobernar el país un tipo de esos. Nos merecemos otra persona».
A la gestión provincial le asignó una calificación menor. «Creo que (Rogelio) Frigerio va a ganar sin haber hecho un buen gobierno, yo le pondría un seis», dijo, y explicó ese pronóstico por la prudencia del gobernador: «es como (Gustavo) Bordet, no es disruptivo, y a la gente le gustan los gobernantes que no sean jetones, que no sean como (Javier) Milei que da vergüenza». Sobre el gabinete, consideró que «a nivel de funcionarios, salvo excepciones, es discreto. No generan». Destacó al ministro de Seguridad como el único que se ve «activo, a la cabeza», mientras que el ministro de Gobierno «está figurando por razones obvias», por el conflicto salarial, y del resto de los ministerios, se preguntó, qué se sabe.
Cuestionó en particular la falta de continuidad en educación. No entendió, según dijo, que cuando la presidenta del Consejo General de Educación comenzaba a conocer, a los dos años, un organismo con casi cuarenta mil docentes, fuera postulada como candidata a diputada nacional, ganara y se fuera, para que todo empiece de nuevo con otro funcionario. «Eso es improvisación», resumió, en un área que consideró esencial para que los chicos respondan «al mundo moderno, al cambio de época».
Sí le reconoció a Frigerio «que está muy bien relacionado políticamente con el gobierno nacional», producto de su paso por el Ministerio del Interior, lo que le permite conseguir créditos, como el que, cree, obtuvo para avanzar sobre la grave situación vial de la provincia. Estimó que dejar a Entre Ríos en condiciones en un plazo de dos o tres años, tanto para los sectores productivos como para el turismo, demandaría «dos mil millones de dólares y eso de dónde lo vas a sacar».
El distanciamiento con el gobernador tiene, además, otras razones. «Tampoco comparto que sea fundacional. ‘Porque nunca se hizo en la provincia de Entre Ríos’. Lleva tres años en la gestión, ‘nunca se hizo’. Eso es criticable. Porque es un hombre inteligente, pero cuando un político vive de criticar lo que los otros hicieron o no hicieron, también es mediocridad, entonces me confunde», señaló. Y cerró: «En las gestiones peronistas se hicieron buenas cosas. Con él no comenzó la provincia». Recordó, de paso, que del grupo DEC, sigla de decencia, ética y compromiso por el bien común, que él mismo armó, Frigerio tomó varios funcionarios.
Le cayeron mal, asimismo, ciertas declaraciones del gobernador sobre las pensiones vitalicias de los exmandatarios. «Creo que jugó una carta demagógica», resumió. Aceptó mostrar su recibo de haberes ante el entrevistador: descontadas las donaciones voluntarias que figuran allí, cobra unos 4,8 millones de pesos mensuales, un ingreso por el que debió optar frente a su jubilación como empresario. Defendió los haberes de los políticos que abandonan su actividad privada para ocupar cargos importantes y luego, si fueron honestos, vuelven al llano con dificultades. «El gobernador no creo que cobre más de 2.500 o 3.000 dólares netos. Para vivir, él que vive en Buenos Aires, su familia va y viene, tiene que estar gastando 10.000 dólares por mes. En 8 años va a gastar 1 millón de dólares, ¿de su bolsillo, para ser gobernador? Bueno, lo felicito, tiene una generosidad inmensa», ironizó.
A él, en cambio, dejar de conducir su empresa le costó, según sus cuentas, entre cuatro y cinco millones de dólares: tras vender Los Hermanitos en diez millones, la familia no sacó el dinero del país, lo colocó en títulos argentinos y, con el default de dos años después, perdió cuatro millones. «Ese fue el costo de haber jugado a ser buen argentino. Porque en la Argentina los ministros de economía tienen la plata afuera. Nosotros no sacamos la plata afuera y nos jodió el estado en 4 millones de dólares», afirmó.
Tierra, evasión y planificación
Interrogado sobre la concentración de la propiedad rural, que en la Argentina llega en algunos casos a las quinientas mil hectáreas mientras la unidad económica en Entre Ríos ronda las doscientas, Moine evitó pronunciarse contra los latifundios. Describió, en cambio, un proceso histórico: en los años sesenta una explotación de cien o ciento cincuenta hectáreas era una unidad económica interesante, pero con el tiempo esas fracciones dejaron de ser rentables, mantener tractor, sembradora y cosechadora se volvió imposible, la maquinaria pasó a contratarse por servicio y muchos propietarios optaron por vender o arrendar e irse a vivir de renta al pueblo. Recordó que su abuelo y sus hermanos compraron tres Ford en 1930 con el producto de una cosecha, y concluyó que «era otra economía».
Citó el caso de una familia entrerriana que visitó cuando armó el grupo DEC: trabaja 45 mil hectáreas, de las cuales sólo cuatro o cinco mil son propias y el resto arrendadas, y produce unas ochenta mil toneladas anuales, el uno por ciento de los ocho millones que suma la provincia entre maíz, soja, girasol y otros cultivos. «Esa concentración de capital, de alguien que produce, en la medida que genere trabajo y pague los impuestos no le veo mayor problema; el tema se complica cuándo ese empresario finaliza su etapa, sea porque tiene edad avanzada o fallece, y esa riqueza va a familiares que no producen, y viven la dolce vita», analizó. Y fijó una definición sobre el origen de las fortunas: «siempre en el capital que forja un empresario hay esfuerzos de otros». Como ejemplo, contó que Los Hermanitos llegó a disponer de 22 viviendas para su personal, cedidas sin cargo durante años, y que al vender la cadena la familia dejó el diez por ciento a los trabajadores, un millón de dólares. «Y aceptaría que me dijeran ‘mirá, te quedaste corto'», admitió, para reconocer luego que «un sector importante de producción de riquezas, es cierto, no genera mano de obra».
Para Moine, la responsabilidad del Estado frente a la acumulación pasa por otro lado. «A mí me parece que el Estado falla en la recaudación sobre esa riqueza. Que esa acumulación tan agresiva está relacionada con el grado de evasión que van logrando. Y nuestros políticos corruptos han aprendido a generar afuera sociedades fantasmas para mover el dinero que no tributan. En algunos rubros el 80 % no da ticket. Eso es evasión», describió, y extendió el diagnóstico al sector agropecuario, la agroindustria y el comercio. Ubicó, además, la principal concentración de riqueza actual no en la tierra sino en los gigantes tecnológicos.
En materia urbana, frente a la acumulación de predios altos mientras familias enteras levantan ranchos de nylon en los bajos inundables, relató lo hecho durante su intendencia: en 1987 detectaron el problema, en 1988 llamaron a licitación y compraron treinta hectáreas para alojar a un millar de familias que vivían en casas de chapa y cartón y perdían todo con cada lluvia. Sostuvo que cuando un municipio traza una avenida de circunvalación o encara una obra como el Acceso Norte, «el estado tiene que comprar la tierra» lindera para aplicar allí las mejoras y dar oportunidades de acceso a la vivienda. «Todos los municipios debieran tener reserva de tierra», afirmó, y resumió su receta en dos palabras: «Tierra y planificación». Recordó que desde el IAPV se intentó enseñar a planificar a los municipios y citó el caso de China, que sacó de la pobreza a cuatrocientos millones de personas en veinte años.
Reclamó, por último, un cambio de fondo en la gestión estatal. «Al Estado provincial le está faltando continuidad. Necesitamos profesionalizar la administración pública, que no dependamos del político de turno. A veces no sabe una mierda, se le paga el trabajo político», disparó. A lo largo de la charla, según describió El Entre Ríos, el exgobernador se explayó también sobre energía, crédito a tasas razonables para las pymes, el potencial minero del país, en el que prefiere hablar de cobre antes que de litio, y los pros y contras de la inteligencia artificial, para volver una y otra vez a su inquietud de fondo: la reducción de la jornada laboral y el ingreso universal.
(Fuente: entrevista de Daniel Tirso Fiorotto, diario El Entre Ríos)








