Arropado por escritores, periodistas y hasta por un amigo de su infancia, Federico García Lorca arribó el martes 30 de enero de 1934 a Uruguay, donde 17 años después de su asesinato se erigió el primer monumento en su honor.
El «misterio» que envuelve a dicho homenaje y el «afecto» con el que muchos uruguayos recuerdan los 18 días que el poeta granadino estuvo en Montevideo es destacado por dos expertos que dialogan con la Agencia EFE a 90 años de su llegada.
Ignacio Suárez, docente, periodista y poeta, explica que existen testimonios que destacan la presencia de García Lorca como «muy luminosa y comunicativa», al tiempo que remarca su cercanía con el país sudamericano.
Con un inconfundible estilo francés y una privilegiada ubicación frente al Río de la Plata, el Hotel Casino Carrasco de Montevideo (ahora Sofitel Montevideo Casino Carrasco & Spa) fue el lugar donde se hospedó el poeta, quien arribó proveniente de Buenos Aires.
El «misterio» de Salto
Las circunstancias del fallecimiento de Federico García Lorca motivaron que la localización de sus restos mortales siga siendo un interrogante, asegura Suárez, quien explica que esto llevó a que el monumento de Salto quedara envuelto en un «misterio».
Una teoría afirma que Amorim viajó a España y, valiéndose de su dinero y de sus contactos, llevó a cabo una negociación con el régimen de Franco para poder trasladar los restos de su amigo a Uruguay y enterrarlos bajo el muro con los versos de Machado.
Aunque Suárez admite que existen «dudas serias» sobre esta posibilidad, argumenta que el cuerpo de Lorca nunca se encontró en España y cree que si sus restos descansaran en el país sudamericano «cerraría la metáfora», porque su presencia en Uruguay «fue muy importante y queda todavía en la memoria de mucha gente».








