La asamblea de afiliados en defensa del IOSPER (hoy OSER) dió a conocer un comunicado al cual tuvo acceso Orilla y Media y cuyo texto es el siguiente:
«La discusión sobre OSER ya no puede reducirse a balances, porcentajes ni conferencias de prensa. Lo que cambió con la desaparición del IOSPER fue mucho más profundo: cambió la concepción política desde la cual se administra la salud de los trabajadores entrerrianos.
IOSPER tenía problemas, déficits y errores que debían corregirse. Nadie necesita negar esa realidad. Pero se eligió otro camino: eliminarlo y reemplazarlo por una estructura más centralizada, vertical y orientada hacia la eficiencia económica.
El problema no es ordenar las cuentas. El problema es quién paga ese orden y qué lugar ocupa el afiliado en el nuevo modelo.
OSER fue presentada como el paso de la opacidad a la transparencia, del desorden a la eficiencia y de una vieja política a una nueva forma de administrar. Fue, por lo tanto, no solamente una reforma institucional sino también un discurso de superioridad moral: lo anterior estaba mal y lo nuevo necesariamente estaría bien.
Pero después de más de un año, esa legitimidad ya no puede sostenerse solamente en palabras.
Los números también interpelan al relato
Mientras se habla de saneamiento, el Balance 2025 registra $37.641 millones de activo corriente frente a más de $80.220 millones de pasivo corriente, con aproximadamente $77.800 millones en cuentas por pagar.
Y hay un dato todavía más político: según el análisis de la sindicatura, parte del crecimiento de los ingresos provino de mayores coseguros, fondo voluntario y aportes, mientras los gastos judiciales aumentaron 269%, las multas 351% y publicidad y propaganda 182%.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿OSER se volvió más eficiente o trasladó una parte mayor del costo de su “saneamiento” a los propios afiliados?
Porque para una familia la eficiencia no se mide en una conferencia de prensa. Se mide en algo mucho más sencillo: cuánto paga, cuánto espera y cuánto recibe cuando necesita atención.
Transparencia no es decir que se es transparente
Ésta es quizás la mayor contradicción política del nuevo modelo.
Se habla de transparencia mientras existen dificultades documentadas para acceder a información necesaria para ejercer el control. Se anuncian resultados mientras aparecen diferencias entre cifras comunicadas sobre déficit, trabajadores, medicamentos y prestaciones.
La transparencia no consiste en comunicar una versión de los resultados. Consiste en entregar la información necesaria para que cualquiera pueda comprobarlos.
Y cuando eso no ocurre, el discurso deja de ser explicación y empieza a convertirse en relato.» finaliza el comunicado de los afiliados a OSER
El verdadero balance está en la calle
Mientras desde arriba se muestran estadísticas, desde abajo aparecen demoras, reclamos, mayores coseguros, dificultades administrativas y judicialización.
Hay un número que debería interpelar a cualquier gestión: los gastos judiciales pasaron de aproximadamente $1.308 millones en 2024 a $4.822 millones en 2025.
Detrás de esos números hay amparos. Y detrás de cada amparo existe una persona que sintió que necesitaba recurrir a la Justicia para obtener una respuesta sanitaria.
Ese también es un indicador de gestión.
Y probablemente sea mucho más humano que cualquier estadística.
El problema es político y también moral
Gobernar no consiste solamente en estar convencido de que una decisión es correcta.
También significa preguntarse: ¿A quién afecta? ¿Cómo lo afecta? ¿Quién soporta el costo? ¿Quién fue escuchado?
Cuando una transformación se construye desde arriba, se presenta como moralmente superior y después responde a los cuestionamientos con más discurso, el resultado no es consenso.
Es enojo, desconfianza y polarización. El que pregunta se convierte en opositor. El que reclama incomoda. El afiliado debe demostrar que su problema existe. Y la gestión vuelve a responder con estadísticas.
Así se rompe algo mucho más difícil de recuperar que un equilibrio financiero: la confianza.
No se trata de negar todo lo realizado por OSER, se trata de discutir qué obra social queremos.
Porque una obra social no existe para demostrar que una gestión política tenía razón. Existe para garantizar salud.
El verdadero cambio de paradigma pendiente es otro: pasar del discurso a la evidencia, de la imposición al consenso, de comunicar transparencia a practicarla y de mirar solamente las cuentas a volver a mirar a las personas.
Porque al final existe una medida mucho más sencilla para saber si una obra social funciona: que cuando un afiliado la necesite, la encuentre.








