El Camboya durante el régimen de Pol Pot y los jemeres rojos (1975-1979) se eliminó todo el sistema educativo, se pasó la motosierra y se llegó a asesinar a miles de profesionales universitarios y demás personas que habían accedido cierto nivel de educación acusándolos de tener una formación imperialista para implantar un régimen agrario y un nuevo sistema educativo.
Por Rubén I. Bourlot (*)
Hoy la educación pública argentina se encuentra amenazada con acusaciones similares desde otro costado ideológico extremo. Y todo justificado con argumentos por demás falaces.
ALGUIEN LA PAGA
Uno de los puntos que se ataca, desde la ideología extrema, es la gratuidad del sistema educativo con el argumento de que “alguien lo paga”. En realidad el sistema educativo desde el inicial hasta la universidad es “no arancelado” en las instituciones estatales. El sistema privado sí es arancelado. No obstante no todo el costo de la educación es gratuito. Para el estudiante y su familia es muy gravoso estudiar. Hay gastos en elementos útiles, apuntes, libros y, como pocos tienen una facultad en la puerta de su casa, hay que afrontar los costos de viajes o alquileres de viviendas, comidas, etc. Por ello al no arancelamiento se agregan las becas, comedores universitarios y las residencias para intentar democratizar el aprendizaje.
La gratuidad de los aranceles y los gastos en becas y otros beneficios, que es tanto para los más humildes como para los que tienen mayor poder adquisitivo, no apunta a los individuos. Es un gasto social orientado a elevar el nivel educativo de la sociedad, para contar con una masa profesional y científica destinada a impulsar el desarrollo del país. Ningún país podrá a ser desarrollado si se empieza con lo básico que es la capacitación del tan mentado “capital humano”.
POLÍTICA Y UNIVERSIDAD
Otro cuestionamiento que se hace a las universidades es que está atravesada por la “política” lo cual no resiste el menor análisis puesto que la ciudadanía es una comunidad política y a la universidad van a estudiar jóvenes que opinan, que tienen una posición frente a la realidad, que votan, que son políticos. Y que son partidarios, también. El cantito libertario de que van a hacer “política” a la universidad, que van a “adoctrinar”, se cae rápidamente cuando vemos que ya están pululando agrupaciones universitarias libertarias, incluso muchos jóvenes que se pasean por las facultades luciendo sus remeras violetas.
También se cuestiona que muchos demoran en recibirse como si el requisito para culminar una carrera fuera el mero paso del tiempo. Bienvenidos los que estudian a su ritmo, cursan un par de materias al año según se lo permite su trabajo y el cuidado de los hijos ¿A quién perjudica que una persona demora diez años en recibirse? Como dijo el propio presidente ¿mató al alguien? que una persona no termine la carrera en término. La respuesta es rotundamente no. Tampoco es una tragedia que tantos jóvenes o no tan jóvenes ingresen y no terminen su carrera. Nunca puede considerarse un fracaso ese intento puesto que del paso por las aulas siempre queda algo tanto para el alumno como para la sociedad.
REPENSAR LA UNIVERSIDAD
En estos días la emergencia es la lucha para que la educación no se ahogue bajo sus propios escombros. Cuando el régimen cambie y naveguemos aguas más calmas llegará el tiempo de debatir qué universidad queremos, qué educación es la más adecuada el desarrollo nacional. Cómo somos capaces de edificar la institución política que es la universidad como una de las palancas para impulsar un país soberano que no permita nunca más regímenes al servicio intereses contrarios al pueblo argentino.
(*) Fuente Redes








