viernes, septiembre 25, 2026

¿Qué es real y qué no? Por Pamela Otero

diputado juan manuel rossi
Orilla y Media TV

Hay algo que empieza a ser más preocupante que un video viral: que ya no sepamos qué hacer con aquello que vemos.

Por Pamela Otero (*)

Esta semana, un video de un diputado entrerriano se convirtió en noticia, meme, acusación y discusión política. En las imágenes, Juan Manuel Rossi aparece durante una sesión de la Cámara de Diputados llevándose un objeto hacia la nariz.

En redes, la interpretación apareció rápidamente: algunos aseguraron que estaba consumiendo cocaína. Después llegó la respuesta del diputado: dijo que se trataba de un birome que utilizaba para rascarse el ombligo. Y más tarde apareció otra explicación: que el video había sido manipulado con inteligencia artificial.

Entonces aparece una pregunta mucho más interesante que el video en sí: ¿qué es lo que realmente sabemos?
Sabemos que la escena ocurrió. No es un video completamente inventado. Está registrada en la transmisión oficial de una sesión realizada el 29 de julio. También sabemos que en las imágenes que circularon no se puede identificar una sustancia ni afirmar, solamente a partir de ese registro, que el diputado haya consumido una droga. Eso fue señalado también por Chequeado al desmentir la afirmación de que el legislador estaba consumiendo cocaína.

Pero en las redes sociales ocurrió algo que conocemos demasiado bien: la imagen dejó de ser una imagen y pasó a convertirse en una historia. Vimos un movimiento y completamos lo que no vimos. Vimos una mano y supusimos qué llevaba. Vimos que algo se acercaba a la nariz y decidimos qué era.

Y en cuestión de horas, una sospecha se transformó en una acusación. Ese es quizás uno de los grandes problemas de esta época: ya no necesitamos que alguien invente completamente una mentira. Alcanza con tomar un hecho real, recortarlo, sacarlo de contexto, agregarle una interpretación y hacerlo circular miles de veces.

Y ahora tenemos un ingrediente nuevo: la inteligencia artificial. La IA puede fabricar una imagen que nunca existió, modificar una voz, alterar un video o poner a una persona diciendo algo que jamás dijo. Pero hay algo todavía más peligroso: que empecemos a utilizar “es IA” como respuesta automática cada vez que una imagen nos resulta incómoda.

Porque si todo lo que no nos gusta es falso y todo lo que confirma lo que pensamos es verdadero, entonces el problema ya no es solamente la inteligencia artificial.
El problema somos nosotros. En este caso particular, decir “el video es IA” tampoco alcanza para explicar lo ocurrido. La escena aparece en una transmisión oficial de la Cámara de Diputados. Lo que sí está en discusión es cómo interpretar ese gesto y qué puede afirmarse a partir de él.

Y ahí deberíamos recuperar algo que parece cada vez más difícil: la posibilidad de decir “no sé”. No sé qué tenía en la mano. No sé qué hizo exactamente. No puedo afirmar que haya consumido una sustancia. Tampoco puedo afirmar, solamente mirando ese fragmento, que todo haya sido generado o alterado por inteligencia artificial.
No saber no es ser ingenuo.

No saber es reconocer el límite de la evidencia. Vivimos en una época en la que cualquiera puede convertirse en editor, periodista, comentarista, investigador y juez desde un teléfono celular. Una captura de pantalla puede convertirse en una prueba. Un video de diez segundos puede destruir una reputación. Un título puede reemplazar una investigación.

Y después, cuando aparece la aclaración, ya es tarde.
Porque la mentira tiene una característica particular en las redes: muchas veces viaja mucho más rápido que la corrección.

Por eso quizás la discusión no debería ser solamente sobre qué hizo o dejó de hacer un diputado.

Deberíamos preguntarnos qué hacemos nosotros con lo que vemos.
¿Compartimos o verificamos? ¿Preguntamos de dónde salió? ¿Buscamos el video completo? ¿Distinguimos entre lo que vemos y lo que interpretamos? ¿O simplemente elegimos la versión que mejor encaja con lo que ya pensábamos?

La inteligencia artificial nos obliga a aprender nuevas herramientas para detectar lo falso. Pero también nos obliga a recuperar una herramienta mucho más vieja: el pensamiento crítico.

Porque el futuro no va a ser un mundo donde podamos distinguir fácilmente entre realidad y ficción. Va a ser un mundo donde tendremos que aprender a convivir con imágenes, audios y videos que pueden parecer absolutamente reales.

Y quizás la pregunta más importante ya no sea:
“¿Esto es real o es IA?”
Sino: “¿Qué evidencia tengo para afirmar que esto es real?”
Ahí empieza la diferencia entre mirar y comprender. Entre viralizar y comunicar. Entre sospechar y acusar.

Y, sobre todo, entre tener una opinión y creer cualquier cosa que aparece en una pantalla.

(*) TPD Facultad de Periodismo LP – Editorial Mate en mano.Radio2820  24-9-26

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