Como cada miércoles, el quincho estaba reluciente, como si todo estuviera perfectamente ordenado para recibir a los de siempre. Pero esta vez ocurrió algo extraño: llegaron todos juntos.
Federico, sorprendido por semejante coincidencia, los recibió con una pregunta:
—¿Se pusieron de acuerdo para venir todos al mismo tiempo?
Las risas no tardaron en aparecer.
Diego, mientras acomodaba algunas cosas, comentó:
—Y sí… si llegás retrasado te critican. Así que ya voy a prender el fuego.
El Baby, que ya no es tan Baby, murmuró:
—Y bueno… será que no juega River y estamos todos.
Chapa sonrió y agregó:
—Temas para charlar sobran. El país no descansa y, con este gobierno, hay para hablar toda la noche.
Se sentaron alrededor de la mesa y, casi sin darse cuenta, la situación política y social fue ocupando el centro de la charla.
Federico, desde su mirada de comerciante, fue contundente:
—Se caen las ventas todos los días. Cada vez cuesta más. Y cada día escuchamos que una empresa cierra. Por más que quieran disimularlo, ya ni lo barato se vende. Es tristísimo el panorama.
Después, como quien guarda una carta bajo la manga, anunció:
—Pero les tengo una sorpresa. Viene un invitado que de política sabe mucho.
Diego levantó la mirada.
—¿Y quién es?
Federico sonrió:
—No digo nada. Es sorpresa.
—Bueno, ¿y qué se tira a la parrilla? —preguntó Diego.
Federico respondió sin dudar:
—Hoy hay peronismo puro: choripán.
El Baby, entusiasmado, se ofreció:
—Yo hago una salsa.
Diego lo miró. El Baby entendió inmediatamente que no necesitaba ayuda y se puso manos a la obra con una salsa criolla.
Mientras el fuego ya estaba encendido, Chapa retomó la cuestión política:
—¿Será que el país va a repuntar? No tenemos paz. Todos los días aparece algo peor. El trabajador tiene que hacer magia para llegar a fin de mes.
Y siguió:
—Y si estás endeudado, te ofrecen otro crédito para pagar la deuda. ¿Será que así vamos a poder terminar de pagar el televisor que compramos para el Mundial?
Federico encontró el pase perfecto para volver a la carga:
—Si pedís crédito para pagar crédito, te hundís del todo. Nos quieren endeudados, porque así no podemos pensar. Nos tratan de brutos e ignorantes. Han ordenado la economía para unos pocos y parece que quieren sostenerla siempre de la misma manera.
Hizo una pausa y agregó:
—Este gobierno no muestra un proyecto de crecimiento industrial que genere nuevas fuentes de trabajo. Y sin trabajo genuino, no hay futuro.
El Baby, acotó:
—Y para colmo, según lo que muestran los medios, crecen los planes sociales.
Diego, concentrado en la preparación, agregó:
—Y mientras tanto, la gente no llega a fin de mes. Cada vez se ve más. Hay familias que ya ni siquiera pueden alquilar una vivienda y terminan viviendo tres o cuatro familias bajo el mismo techo.
Chapa miró a los demás y dejó una pregunta sobre la mesa:
—Entonces, ¿será que en las próximas elecciones tenemos que estar más atentos a la hora de votar? Mirar quién promete cambiar esta situación, pero con una idea creíble. No solamente promesas.
Federico, que parecía tener todavía la esperanza de recibir al famoso invitado, miró el teléfono y anunció:
—Che… me falló el invitado. Me avisa que se le complicó y no viene.
—Bueno —dijo Diego—, entonces comemos.
Puso la salsa sobre la mesa, acomodó el pan y se preparó para poner los chorizos en la parrilla. Se veían increíbles, ideales para unos buenos choripanes.
Y como dice la tradición del quincho:
cuando se come, no se habla.
La política quedó momentáneamente en silencio. El fuego siguió haciendo lo suyo, los choripanes fueron desapareciendo y la noche terminó con un deseo compartido:
que la situación cambie, que el país encuentre nuevamente el rumbo y que el pueblo pueda recuperar algo que parece cada vez más lejano: el buen vivir.








