jueves, septiembre 10, 2026

El apriete que viene disfrazado de sugerencia

El apriete que viene disfrazado de sugerencia
Orilla y Media TV

Hay una forma de censura que no necesita una cadena nacional. No necesita levantar un programa. No necesita un encargado de prensa llamar a la dueña de la radio. Es más sutil. Más cobarde. Más efectiva.

Por Eugenio Jacquemain (*)

Es el mensaje de WhatsApp del funcionario amigo. El llamado del secretario de prensa. El café que te piden «para charlar». Y siempre empieza igual. Con tres frases que todos los que hacemos periodismo en el interior ya conocemos de memoria.

Frase uno: «Esto cayó mal».

Frase dos: «Esto no fue bien visto».

Frase tres: «Esta persona que entrevistaste miente».

Nunca te dicen «no lo digas más». Nunca te dicen «te vamos a sacar la pauta». No. Te lo sugieren. «Che, esto cayó mal arriba. Fijate».

«Lo de este jueves a la tarde no fue bien visto por el presidente, el gobernador, por el concejal, por el ministro».

«Entrevistaste a fulano, pero ese fulano adultera todo, es un delincuente, no tenés que darle aire». Y ahí está el apriete disfrazado de consejo. Disfrazado de «te estoy cuidando». Porque cuando un funcionario del gobierno te dice «esto cayó mal«, lo que te está diciendo es: me molestó que dijeras lo que dijiste. No discute si es verdad o mentira. No te da datos para refutarte. Te habla del humor. De cómo cayó. Como si nuestro trabajo fuera caer bien. Cuando te dice «esto no fue bien visto», te está marcando la cancha. Te está diciendo: te estamos mirando. Estamos anotando lo que decís. Y lo que decís no gusta en el poder. Y cuando te dice «esa persona que entrevistaste miente», lo que te está diciendo es: vos no tenés que entrevistar a quien nosotros no aprobamos. Porque si el que miente es el entrevistado, la culpa es tuya por darle micrófono. Quieren un periodismo de voceros, no un periodismo de preguntas. Ese es el manual del apriete blando. No te prohíbe. Te condiciona. No te censura con una ley. Te autocensura con culpa. Te hace pensar dos veces antes de sacar al aire al vecino que se queja del hospital, a la docente que denuncia falta de alimentos, al productor que dice que no le pagan. Y lo más grave es que en muchos casos funciona. Porque muchos colegas, por miedo a perder la pauta, por miedo a quedarse sin la entrevista con el ministro, por miedo a que los tilden de opositores, empiezan a cuidarse solos. Y se dicen: «mejor no lo saco«. «Mejor no pregunto eso». Eso no es libertad de prensa. Es prensa con permiso. El periodismo no está para caer bien. Está para decir lo que pasa. Si algo cayó mal, que lo expliquen. Si algo no fue bien visto, que digan por qué no fue bien visto. Y si un entrevistado miente, que el funcionario venga y lo desmienta con pruebas al aire, no por WhatsApp en privado. A  los funcionarios que mandan esos mensajitos les digo algo: si no les gusta lo que decimos, tienen todos los micrófonos abiertos para responder. Pero no nos manden sugerencias.Porque no son sugerencias. Son aprietes. Y ya los conocemos de memoria.

(*) Editorial Mate en mano – Radio 2820

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