sábado, julio 25, 2026

¿Racista? Argentina le debe una respuesta al mundo

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Orilla y Media TV

Después del Mundial volvió a aparecer el insulto fácil. «Argentina es un país racista». Lo dijeron relatores, jugadores, y medios de países que tienen estadios llenos de cámaras y un largo prontuario de hipocresía.

Por Eugenio Jacquemain (*)

Duele. Y hay que contestarlo. No con chicanas de cancha, sino con historia.

La historia dice otra cosa

Argentina determinó la libertad de vientres en 1813. No en 1865 como Estados Unidos. No en 1820 cuando recién ahí prohibió el tráfico España. En 1813. Con la Asamblea del Año XIII.

«Libertad de vientres» se llamó. Todo hijo de esclavo que naciera en suelo argentino, nacía libre.

¿Un país racista toma esa decisión mas de 200 años atrás? ¿Un país racista la pone en su acta fundacional?

Después vinieron los barcos. Miles. Italianos, españoles, sirios, judíos, alemanes, polacos. Negros, blancos, mestizos. Nadie les preguntaba el color del pasaporte. Les preguntaban si querían trabajar.

Argentina no eligió inmigrantes. Los recibió a todos. Por eso somos lo que somos.

Andá de La Quiaca a Ushuaia y mirá

Recorré el país. En Jujuy vas a ver collas. En Misiones descendientes de guaraníes. En algunas provincias rubios de ojos celestes nietos de tanos. En Chubut galeses. En Córdoba trigueños. En Chaco y Formosa comunidades originarias. En todo el país morochos, blancos, negros.

No tenemos «un tipo» de argentino. Tenemos 47 millones.

El racismo necesita pureza. Necesita un «nosotros» contra «ellos». Argentina nunca pudo inventar eso porque somos todos mezcla. Somos quilombo. Somos crisol. Nos guste o no.

¿Hay discriminación? Sí. Como en todos lados. Hay boludos en todos los países. Hay comentarios de porquería en una cancha y en un trabajo. Negarlo sería mentir. Pero de ahí a decir que «Argentina es un país racista» hay un océano.

¿De dónde viene la acusación?

Acá está la pregunta incómoda.

Muchos de los que hoy dan cátedra de moral, son los mismos países que construyeron imperios sobre la esclavitud. Que saquearon África. Que exterminaron pueblos originarios en América. Que todavía tienen museos llenos de oro que no es de ellos.

¿No será que acusar a Argentina les sirve?

¿No será más fácil señalar con el dedo al otro para no mirar 400 años para atrás?

Es la vieja técnica: ensuciar al vecino para blanquear tu propia casa.

Te acusan de racista después de ganarte una final. Te acusan de racista cuando tu selección es la más diversa del mundo. Te acusan de racista para tapar que sus ligas están llenas de jugadores africanos a los que aplauden los domingos y bardean el lunes.

Lo que somos, con defectos y todo

¿Tenemos problemas? Claro que sí. Tenemos racismo estructural, tenemos clasismo, tenemos violencia. Somos humanos.

Pero también tenemos una Constitución que habla de «todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino». Tenemos un himno que dice «sean eternos los laureles que supimos conseguir». Laureles para todos.

Por último

A Argentina se la puede criticar por fútbol, por política, por economía. Por todo.

Pero no le mientan con esto.

La acusación de racismo post Mundial no es sobre Argentina. Es sobre ellos. Es la necesidad de algunos de justificar siglos de imperio, de esclavitud, de destrucción, diciendo «mirá, todos son iguales».

No. No todos somos iguales.

Hay países que se hicieron ricos vendiendo personas. Y hay países que en 1813 dijeron que ningún hombre nace esclavo.

Esa es la diferencia. Y esa diferencia no se borra con un cántico de tribuna.

Argentina no es perfecta, pero racista no. Y si alguien tiene que dar explicaciones de racismo al mundo, que empiece por mirar su propia historia antes de opinar de la nuestra.

(*) Editorial Mate en manoRadio2820– 23-07-26

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